Micología responsable

Coge setas, pero que nadie lo note

Salir a buscar setas al campo o al bosque puede resultar una experiencia muy divertida y enriquecedora. Sin embargo, no nos debemos olvidar en ningún momento de que la máxima de cualquier recolector micológico que se precie es no dejar rastro alguno de su paso.

  • <p>Cestas de mimbre para la recolección de la seta. Foto: EFE/Carlos García</p>

    Cestas de mimbre para la recolección de la seta. Foto: EFE/Carlos García

  • <p>Boletus. Foto: EFE/Eliseo Trigo</p>

    Boletus. Foto: EFE/Eliseo Trigo

  • <p>Caloscypha Fulgen. Foto. Cedida por la Asociación Micológica la Usonera.</p>

    Caloscypha Fulgen. Foto. Cedida por la Asociación Micológica la Usonera.

  • <p>Variedad de setas recogidas. Foto. Cedida por Parador de Gredos. </p>

    Variedad de setas recogidas. Foto. Cedida por Parador de Gredos.

  • <p>Champiñón. Foto. Cedida por Fungiturismo</p>

    Champiñón. Foto. Cedida por Fungiturismo

<p>Cestas de mimbre para la recolección de la seta. Foto: EFE/Carlos García</p>
Boletus en un pinar de Lugo. Foto: EFE/Eliseo TrigoCaloscypha Fulgen. Foto. Cedida por la Asociación Micológica la Usonera.Variedad de setas recogidas. Foto. Cedida por Parador de Gredos.Champiñón. Foto. Cedida por Fungiturismo

Octubre arrancaba este año con chubascos generalizados por todo el país. En las grandes ciudades, las lluvias provocaban atascos kilométricos que se encargaban de recordar a los más despistados que por fin había llegado el otoño. En las zonas rurales, el agua que caía del cielo era recibida de una manera muy diferente. Daba comienzo una nueva temporada de setas.

Salir a buscar estos frutos al campo o al bosque puede resultar una experiencia muy divertida y enriquecedora, tanto para los más pequeños como para los mayores. Es una excusa perfecta para pasar el día en contacto con la naturaleza y disfrutar de los regalos gastronómicos con los que esta nos obsequia.

Sin embargo, no nos debemos olvidar en ningún momento de que la máxima de cualquier recolector micológico que se precie es dejarlo todo tal cual lo encontró, sin que nadie note su paso.

Aunque parece obvio, no todo el mundo tiene clara la manera más adecuada de actuar cuando sale a recolectar hongos. Con la ayuda del alférez Pedro José Ruiz, del Seprona en Soria, y la coordinadora de Restauración Forestal de WWF, Diana Colomina, en Efetur hemos elaborado un decálogo que puede evitar sorpresas desagradables al lector que esté planeando hace próximamente una escapada a recolectar setas.

Pero antes, es importante recordar que las setas, como cualquier otra especie, cumplen diferentes funciones en el ecosistema. Estos organismos son, en muchos casos, de naturaleza saprótrofa, o lo que es lo mismo, se alimentan de materia orgánica muerta de origen vegetal. También sirven de alimento a determinados animales, contribuyen a eliminar los ejemplares débiles o enfermos, poseen propiedades medicinales, son indicadores del estado de salud de los bosques y, según algunos, dan cobijo a los duendes y las hadas.

Varias setas. Foto: EFE / Carlos García

Varias setas. Foto: EFE / Carlos García

Decálogo de buenas prácticas micológicas

1. Propiedad privada. El campo no tiene puertas, ya lo dice la expresión castellana. Por eso, muchas veces podemos tener la sensación equivocada de que nos pertenece a todos. Sin embargo, esto no siempre es así. De hecho, casi nunca lo es. Muchas zonas productoras de setas se asientan sobre propiedades particulares o municipales en las que la actividad micológica está regulada mediante normativas u ordenanzas. Si decidimos colarnos sin permiso, lo mejor que nos puede pasar es que el propietario nos descubra y acabemos siendo objeto de sus reprimendas. Eso con suerte, porque también puede sorprendernos una patrulla del Seprona que hará que ese día permanezca para siempre en nuestro recuerdo con una multa de hasta 3.000 euros, dependiendo de las zonas. Mejor informarse antes de salir.

2. La experiencia, imprescindible. Las guías micológicas son una excelente opción para iniciarse en este mundo apasionante. Sin embargo, las diferencias fisiológicas entre las setas comestibles y las que no lo son, a veces resultan tan sutiles que no es difícil llegar a confundirlas. Lo mejor en estos casos es hacerse acompañar de una persona experimentada, que podremos contratar en diferentes asociaciones micológicas a precios muy asequibles. Si por el contrario preferimos ir por libre, muchas de esas mismas asociaciones micológicas se prestan a identificar los ejemplares recolectados para así evitar disgustos. Recuerda que, como dice el refrán, “todas las setas son comestibles…, algunas una sola vez”.

3. No a los consejos de la abuela. Pese a las creencias populares, no existe ningún método casero para diferenciar las setas tóxicas de las comestibles. Hay quien cree que las altas temperaturas de la cocina neutralizan el veneno, o que la plata y los ajos se vuelven negros cuando se introducen en el recipiente que estemos usando para cocinarlas. No hagas caso. Ni si quiera te dejes guiar por aquellas personas a las que les sientan bien. Eso no es garantía de que a todo el mundo le suceda lo mismo.

4. La cesta no es una moda. Supera el complejo de Caperucita Roja y procura hacerte con una buena cesta de mimbre para ir depositando la cosecha. Con ese simple gesto contribuirás a la difusión de esporas y, con ello, a la perpetuación de la especie. Las bolsas de plástico, además de antiecológicas, no son una buena opción. Y no solo porque de su interior difícilmente escaparán las esporas, sino porque pueden provocar que los hongos fermenten y se echen a perder. Y lo que es peor, que desarrollen ciertas toxinas que perjudiquen nuestra salud.

5. El kit de aventurero micológico. Además de la cesta de mimbre, tampoco puede faltar una navaja o cuchillo bien afilados. Las setas han de ser recolectadas mediante un corte limpio en la base, evitando en todo momento causar cualquier desperfecto alrededor. No realices estos menesteres con rastrillos, palas o azadas. Deja esas herramientas para jugar en la playa, porque pueden ocasionar daños irreparables en el sistema de micelios de las setas, destruyendo así su sistema reproductor.

Las setas deben ser cortadas desde la base con cuchillo o navaja. Foto: EFE/Brágimo

Las setas deben ser cortadas desde la base con cuchillo o navaja. Foto: EFE/Brágimo

6. La cantidad justa. No seas avaricioso y no quieras coger más setas de las que puedes consumir. Esquilmar el campo y los bosques para llenar tu congelador no solo es un acto un tanto egoísta, sino que también reduce las probabilidades de que el año que viene encuentres lo que buscas. Desde que se desató la crisis económica, cada vez son más las personas que venden a los establecimientos hosteleros los frutos recolectados. Lo que quizás no sepas es que están obligados a tomar nota de los datos del recolector.

7. Sin dejar rastro. ¿Recuerdas cuáles eran las funciones de las setas en la naturaleza? Pues no las olvides. Aunque te topes con ejemplares venenosos o desconocidos que parezcan hablarte como a Alicia en el País de las Maravillas, no te dejes llevar por la tentación y respétalas. Pisotearlas sin ninguna causa hace un flaco favor al ecosistema. Ten siempre presente que la máxima de cualquier buscador de setas es que no se note que ha pasado por allí.

8. Mira alrededor. Por su papel saprótrofo, las setas no solo se alimentan de la materia orgánica vegetal muerta. También absorben cualquier residuo presente en la composición del suelo sobre el que crecen, por lo que hay que prestar especial atención a las zonas que, por un motivo u otro, pudieran estar contaminadas. En ningún caso conviene recoger este alimento en terrenos próximos a explotaciones mineras, aeropuertos, centrales nucleares o vertederos.

9. Pezqueñines no, gracias. Como cualquier otro ser vivo, las setas también se desarrollan según su propio ciclo vital. Desde que brotan hasta que alcanzan su tamaño definitivo pueden pasar días e, incluso, semanas. Dependiendo de la especie, el tamaño de los hongos adultos serán diferentes. Por eso es conveniente informarse previamente de las características de cada una de ellas y no cogerlas cuando aún se están desarrollando. En primer lugar, porque los ejemplares jóvenes apenas tienen sabor y, en segundo lugar, porque esta acción también facilitará su reproducción.

10. Selecciona. No recojas ejemplares viejos o en malas condiciones. Al margen del riesgo de consumir algún insecto como guarnición, las setas muy maduras suelen ser indigestas. Si en una bolsa de plástico pueden fermentar y generar ciertas toxinas, ¿qué te hace pensar que en el campo no pueda suceder lo mismo?

Consejos generales para salir al campo

Da igual que salgas a buscar setas, recoger moras o cazar gamusinos. Hay una serie de normas generales a la hora de salir al campo o internarse en los bosques que todo el mundo debería conocer para respetar al máximo el entorno.

Acampada ilegal. Foto: Seprona

Acampada ilegal. Foto: Seprona

  • La acampada libre no está permitida en España, salvo en aquellos lugares especialmente habilitados para ello.
  • No arrojes basura al suelo. Ni siquiera esa que todos consideramos biodegradable. Una tonelada de cáscaras de plátano esparcidas en un mismo terreno no genera ningún impacto positivo. Más bien, todo lo contrario.
  • Desplázate preferiblemente a pie y deja los vehículos motorizados sobre caminos asfaltados. Los quads o las motos de campo también erosionan el terreno e impiden el normal desarrollo de la flora y la fauna.
  • Tampoco se te ocurra verter detergentes o aceites en los cauces de agua. Pueden contaminar los ríos y arroyos y destruir la vida que hay en ellos.
  • No hagas fuego nunca, salvo en los lugares en los que esté permitido. Solo en lo que llevamos de 2015 se han quemado 52.227 hectáreas. La misma superficie que en los años 2013 y 2014 juntos.
  • Consulta la previsión meteorológica, no sea que te veas atrapado en una tormenta de viento y nieve y acabes cogiendo más que un resfriado. Lleva ropa cómoda y acorde con las condiciones climáticas. Carga a tope la batería del móvil por si tuvieras que pedir ayuda.
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