ARTE Y GASTRONOMÍA

Secretos históricos de la cocina española escondidos en El Prado

Aunque según los expertos los bodegones son un arte pictórico que siempre se ha considerado menor, recorrer el Museo del Prado en busca de los secretos gastronómicos que se reflejan en sus obras es un itinerario tan delicioso como necesario para conocer la historia de nuestra mesa.

<p>Bodegón con naranjas, melón y cajas de dulces, de Luis Edigio Meléndez. Imagen cedida por el Museo del Prado. </p>

Bodegón con naranjas, melón y cajas de dulces, de Luis Edigio Meléndez. Imagen cedida por el Museo del Prado.

Y de nuestros productos; por ello, Origen España -la entidad que agrupa a una serie de productos amparados con sellos de calidad como DO o IGP-, ha llevado a cabo una ruta que, con las nutritivas explicaciones de la guía Alicia Pérez, creó un menú equilibrado de historia, arte y alimentos únicos.

Como casi nadie se va de El Prado sin ver las Meninas, la obra pictórica con la que Velázquez quiso demostrar que la pintura no era un arte menor, fue el aperitivo de esta degustación de secretos culinarios.

Está en el centro del cuadro, en lo que come la Infanta Margarita, que no es más que una moda de la época exportada de México y conocida como “bucarofagia“; las señoras de la época -alguna incluso llegó a morir por este “hábito”- comían estas vasijas de barro que tenían buen sabor y se decía que les ayudaría a mantener su palidez.

"Las Meninas" de Velázquez. Imagen del Museo del Prado.“Las Meninas” de Velázquez. Imagen del Museo del Prado.

Los bodegones de la pintura flamenca

De primer plato, la pintura flamenca; en ella surgió el género del bodegón, pinturas que encargaban los burgueses para exhibir su opulencia; y como referente, Rubens.
Con uno de sus discípulos, Frans Snyders, diseñó el “Filopómenes descubierto”, una obra en la que el maestro se encargó de la escena -todo un general griego se dispone a cortar leña antes de un banquete y es descubierto con horror por sus anfitriones-.

La obra "Filopemenes descubierto", de Rubens y Frans Snyders. Imagen cedida por el Museo del Prado.

La obra “Filopemenes descubierto”, de Rubens y Frans Snyders. Imagen cedida por el Museo del Prado.

La parte culinaria del cuadro, pintado en torno a 1609, refleja un menú nada desdeñable con detalles técnicos habituales en esta primera etapa de bodegones apabullantes, que con el paso de los siglos se irían relajando.
Entre platos, y en un Museo como el Prado, el toque femenino de una de las escasas mujeres que consiguieron mostrar su obra en aquellos siglos; se trata de Clara Peters, que con su “Mesa con mantel, salero, taza, pastel, jarra, plato de porcelana con aceitunas y aves asadas”, plasmó un hogar limpio y pulcro, y de paso nos permite desvelar algunos secretos.

Mesa con mantel, salero, taza dorada, pastel, jarra, plato de porcelana con aceitunas y aves asadas, de Clara Peters. Imagen cedida por el Museo del Prado.

Mesa con mantel, salero, taza dorada, pastel, jarra, plato de porcelana con aceitunas y aves asadas, de Clara Peters. Imagen cedida por el Museo del Prado.

Destaca la sal, que entonces se valoraba como elemento para la conservación de alimentos en contraposición a las tendencias actuales de tratar de reducir su ingesta; o la empanada, que sólo se usaba para mantener fresco y jugoso el relleno, pero cuya masa no se ingería.

Luis Edigio Meléndez, un autor desconocido que pintó más de 40 bodegones para Carlos IV

El plato fuerte de este recorrido-menú es el arte del bodegón español, que lleva un nombre que es un secreto en sí mismo porque es muy poco conocido: se trata de Luis Egidio Meléndez, un autor que murió en la pobreza más extrema.
Antes, había recibido el encargo del rey Carlos IV de pintar una serie de 60 bodegones que reflejaban con total precisión los productos alimenticios de la época, con jamones, aceites, carnes y frutas distribuidos por estaciones.

Bodegón con plato de acerolas, frutas, queso, melero y otros recipientes. Luis Edigio Meléndez. Imagen del Museo del Prado.

Bodegón con plato de acerolas, frutas, queso, melero y otros recipientes. Luis Edigio Meléndez. Imagen del Museo del Prado.

El resultado, que puede verse en esta pinacoteca, no fue muy del gusto del monarca, pues al parecer no tenía los detalles “científicos” que esperaba.
Para el postre se suele reservar algo que deje buen sabor de boca, como el “tesoro” que enviaron al primer Borbón, Felipe V, que constituye un espectacular juego de piezas de cocina como un frutero de lapislázuli o un salero de oro macizo.

Taza de lapislázuli con dragones y niño, del "tesoro" de Carlos V. Foto: Cedida por el Museo del Prado.

Taza de lapislázuli con dragones y niño, del “tesoro” de Carlos V. Foto: Cedida por el Museo del Prado.

Fueron cientos de piezas -algunas desmontadas y dañadas durante la ocupación francesa-, pero se han recuperado y están a la vista de los que quieran deleitarse con los detalles más gastronómicos de la historia de España.
Y para seguir haciendo historia con nuestros alimentos, es justo reconocer que detrás de los alimentos de calidad hay mucho trabajo y un potencial económico que se puede cifrar y así lo hizo, al concluir la ruta, el director general de la Industria Alimentaria, José Miguel Herrero: 350.000 productores, 8.500 industrias y 7.000 millones de euros.

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