IV CENTENARIO DE LA PLAZA MAYOR

La Plaza Mayor, testigo centenario de la historia de Madrid

Madrid no se entiende sin su icónica Plaza Mayor, esa que cumple su IV centenario, y que ha forjado su esencia a base de hitos y cambios de nombre. Si bien esto es cierto, más cierto aún es que los establecimientos que la abrazan son tan responsables como ella de escribir la historia de la capital.

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Terrazas situadas en la Plaza Mayor de Madrid, frente a la Casa de la Panadería. Foto: EFE/ Javier Liaño

La emblemática Plaza Mayor de Madrid está de celebración: cumple su IV centenario. Una fecha muy señalada que llega cargada de reformas y eventos culturales con los que se pretende revitalizar esta atracción turística de Madrid que es transitada cada año por más de diez millones de visitantes.

Para poner en valor este espacio, que ha sido testigo de fiestas, guerras, mercados navideños, manifestaciones, conciertos, recitales, o elecciones, se ha trabajado en un plan director para optimizar la iluminación y el mobiliario de las terrazas que se agolpan en ella. Así lo explica a Efetur el presidente de la Asociación de Hosteleros de la Plaza Mayor y portavoz de Amigos del IV Centenario, José Antonio Aparicio, quien defiende que el gran objetivo es “trabajar en elementos que tengan carácter de permanencia para el futuro de la plaza”.

Así, a finales de 2017, las terrazas lucirán un nuevo “toque estético” con espacios soterrados, nuevo mobiliario e iluminación, y un complemento de vegetación que permitirá conmemorar este IV centenario “de manera perfecta”.

Además, explica, en el marco de la celebración, los hosteleros están trabajando con Madrid Destino, del Ayuntamiento de la ciudad, en la re-edición de guías para comer y pasear por el Madrid de los Austrias, en las que se ofrecerán ideas “que mariden la historia, cultura y gastronomía en el centro”. “Se trata de ofrecer una pauta para visitar tabernas tradicionales y restaurantes centenarios”, añade. Asimismo, se lanzarán “ofertas puntuales temáticas” de cada uno de los eventos culturales que se celebren con motivo del 400 cumpleaños de la plaza.

Visitantes en las terrazas de la Plaza Mayor. Foto: EFE/Juan M. Espinosa

Visitantes en las terrazas de la Plaza Mayor. Foto: EFE/Juan M. Espinosa

Medidas todas ellas que contribuirán a un aumento del 10% en el volumen de visitas porque, según Aparicio, “las previsiones del sector son positivas de por sí y el efecto llamada de este IV centenario hará que venga mucha más gente hasta aquí”.

Sin embargo, para consolidar aún más si cabe este reclamo, los hosteleros abogan por nuevas medidas en materia de seguridad ya que, a juicio de Aparicio, existe “un problema de indigencia, de personas sin techo, muy complicado” lo que hace que a partir de las 20.00 horas la plaza “dé miedo, con el consecuente decaimiento de la actividad comercial de la zona”.

Entre las soluciones que plantean, un plan de acogimiento de estas personas o iluminar los soportales para evitar asentamientos e incentivar el transito por la zona. “Creemos que con el IV centenario es ‘ahora o nunca'”, defiende. También, sugiere, se necesita una política de refuerzo del dispositivo de limpieza, uno mas intensivo, porque “con el habitual no sirve”.

El presidente de los hosteleros es además propietario del Salón de tapas y de la Cervecería Plaza Mayor, donde sirven desde 1976 propuestas como el vermú de grifo o el tradicional bocata de calamares, del que, atención, se llegan a despachar alrededor de 500 en un solo día. Sus establecimientos son dos de los 52 asociados -16 de ellos ubicados en el interior de la plaza- que trabajan por defender sus intereses; entre ellos hay lugares históricos como Casa Botín, La Bola o Los Galayos.

Exterior del restaurante Los Galayos, en la Plaza Mayor de Madrid. Foto. Cedida por Los Galayos

Exterior del restaurante Los Galayos, en la Plaza Mayor de Madrid. Foto. Cedida por Los Galayos

Los Galayos. Posiblemente les sonará su nombre porque presume de ser el restaurante más antiguo de los que se agolpan en la Plaza Mayor. Cuenta con cinco salones diferentes entre sí, una barra de madera tallada, dos terrazas, una bodega y capacidad para más de 200 comensales.

Desde 1894, este lugar da de comer a “clientela de toda la vida” a través de una carta que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder la esencia. Así lo señala a Efetur su propietario, Miguel Grande, quien reconoce que la ubicación es uno de sus valores añadidos ya que “es una zona donde hay muchísimo tránsito de gente, con clientela de paso y muy variopinta”.

Exterior de Filatelia Arias. Foto: EFE/ Javier López​

Exterior de Filatelia Arias. Foto: EFE/ Javier López​

Quizás por eso ha sido lugar de reunión de multitud de artistas, miembros de la realeza, o políticos que se han acercado hasta aquí para saborear una carta que pasa por carnes, asados y pescados. Como especialidad nos recomienda el cochinillo asado a baja temperatura, “muy desgrasado, muy crujiente y muy reconocido por su calidad”. Y a pie de barra, el popular bocata de calamares cuyo secreto reside en “una buena materia prima, buen aceite de oliva, buena forma de freír y buen pan”.

Desde aquí, y tras abrirse paso entre mimos, vendedores ambulantes, dibujantes, palomas, turistas provistos con sus cámaras y madrileños que no se cansan de atravesar la plaza, se llega a otro de esos rincones representativos de la Plaza Mayor: Filatelia Arias.

Y es que cuesta pensar en numismática sin pensar en esta plaza, escenario indiscutible de los grandes coleccionistas de nuestro país que se acercan hasta rincones como este para adquirir ejemplares de autor. Su propietario, Félix Arias, nos explica que se ofrecen monedas y sellos con precios que oscilan entre los 20 céntimos y los 2.000 euros, con motivos mozárabes, medievales o romanos, entre otros.

Este establecimiento, que abrió sus puertas en 1958, da fe del reciente “resurgir del coleccionismo” entre los más jóvenes, “muy al corriente de las novedades que van saliendo” y entre las personas de edad más avanzada que “intentan llegar mucho mas atrás en su colecciones, hasta donde les permita su economía”.

Pese a que este negocio ha ido evolucionado “con la economía del país”, es indudable que “estar en el centro de España, en el centro de Madrid, y en el interior de un monumento como este es todo un privilegio”. Razón que ha permitido que a este negocio, “de cliente fundamentalmente español”, se acerquen a comprar coleccionistas llegados de todos los rincones del mundo.

Fotografía facilitada por el mercado de San Miguel de Madrid. Foto: EFE/Luis Hevia

Fotografía facilitada por el mercado de San Miguel de Madrid. Foto: EFE/Luis Hevia

Coincide con Arias la propietaria de El Arco, María Dolores Amor, quien afirma que el magnífico enclave de esta tienda especializada en artesanía española moderna, junto al famoso Arco de los Cuchilleros, “es fundamental” para el negocio. Lleva más de 25 años ofreciendo a sus clientes, “en su mayoría extranjeros con un nivel sociocultural medio-alto”, una amplia variedad de trabajos de más de 60 artesanos, elaborados con materiales como cerámica, madera, hierro, o cuero. Los más demandados, “todo aquello que recuerde a España, lo más icónico, como Las Meninas, las flamencas, o la joyería artesana”, señala.

Y hablar de la Plaza Mayor es hablar también del Mercado de San Miguel, un gastro-mercado fundado en 1916 y convertido en auténtico reclamo turístico. Debe su nombre a la antigua iglesia parroquial de San Miguel de los Octoes, situada en este mismo lugar y mandada derribar por José Bonaparte en su reforma urbanística de Madrid. Posteriormente, pasó a ser un mercado al aire libre hasta que en 1911 se le encargó el proyecto definitivo como mercado cubierto al arquitecto Alfonso Dubé.

Visitado cada año por cerca de 4 millones de turistas, se accede a él por una de las calles que salen de la plaza, y alberga más de 33 puestos en los que degustar numerosas propuestas gastronómicas con ADN español.

Uno de los establecimientos más concurridos es, por ejemplo, La hora del Vermut, local salpicado de turistas que llegan fundamentalmente en busca de vermú y un variado plato de olivas. Quizás sea su sabor, su original concepto, su arquitectura de hierro o su céntrica ubicación lo que hace que turistas como el portugués Antonio Montaprego reconozcan que este mercado “tiene una raza diferente” a todos los demás.

Y lo cierto, señores, es que toda la zona la tiene. Una raza especial que solo se detecta si se ha tenido la suerte de pasar un día entre estos muros centenarios, esos que no sucumben al paso del tiempo y que brillan en este IV centenario con más luz que nunca.

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