ASPIRA A SER PARQUE NACIONAL

Ojo Guareña: Un laboratorio natural único

El espacio de Ojo Guareña, al norte de la provincia de Burgos, es uno de los conjuntos de cuevas más extenso del mundo. Esta peculiaridad ha condicionado su riqueza natural o su paisaje y lo han convertido en un “laboratorio” excepcional para la ciencia.

El complejo kárstico de Ojo Güareña. Foto: Archivo EFE/Federico Vélez‚.

Ojo Guareña acredita ya el título de “Monumento Natural” y está incluido en la red ecológica europea Natura 2000 como “Lugar de Interés Comunitario”, pero las características únicas del lugar sustentan sus aspiraciones a convertirse en el primer Parque Nacional español de carácter “subterráneo”.

En Ojo Guareña es tan importante lo que se ve con relativa facilidad (muchas de las más emblemáticas especies de aves sobre un paisaje espectacular) como lo que no se ve: más de cien kilómetros de cuevas donde ya se han encontrado varios yacimientos arqueológicos y una fauna invertebrada única en el mundo, con numerosas especies endémicas y muchas de ellas nuevas para la ciencia.

La Red Natura 2000, una gran oportunidad

Consuelo Temiño, directora de este espacio natural, ha subrayado que la inclusión de Ojo Guareña en la red Natura 2000 puede ser “una gran oportunidad” y un revulsivo para la comarca, y ha destacado las posibilidades de compatibilizar la conservación de los recursos naturales con el desarrollo social y económico. Temiño ha señalado que las actividades tradicionales de la comarca -agrícolas, ganaderas o forestales- son compatibles con otras nuevas e incipientes como el turismo de naturaleza, y que ninguna de éstas tiene que estar reñida con la protección del medio ambiente.

“Si no fuera así sería un fracaso, porque en una Europa donde el paisaje está tan profundamente humanizado e intervenido por el hombre, la creación de santuarios de la naturaleza en los que se limitara la actividad sería intolerable para las personas que viven en la zona, además de una forma muy poco inteligente de actuar y de conservar los valores”, ha manifestado.

Conservación activa en Ojo Guareña

A su juicio, la idea que debe prevalecer es que “la conservación activa se puede llevar a cabo a través de la gestión”, y ha precisado que gestionar un territorio significa “que la gente pueda seguir viviendo en la zona y que incluso se pueden recuperar algunas zonas del mundo rural que se encuentran muy abandonadas”. En las cavidades de Ojo Guareña han puesto el foco, además de los espeleólogos, los topógrafos, los biólogos, los arqueólogos o los investigadores del clima, ya que es una cavidad única en el mundo, un auténtico “laboratorio natural” por la gran variedad de fauna que alberga; se trata del primer caso comprobado en España de “punto caliente de biodiversidad”.

La colaboración durante los últimos años de la Junta de Castilla y León y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha permitido dar a conocer la existencia de 115 especies de invertebrados terrestres y 187 acuáticos, de los que 36 son endemismos y 34 son especies nuevas para la ciencia.

Y es que los hallazgos de este laberinto de dieciocho cuevas han revelado que fueron pobladas o utilizadas desde el paleolítico medio -hace 70.000 años- hasta la Edad Media, cuando se construyó, empotrada en una de las cavidades, la ermita de San Bernabé.

Afuera, el paisaje se encuentra a caballo entre las dos zonas biogeográficas principales de la península, la Atlántica y la Mediterránea, y las especies de flora y de fauna que enriquecen ese paisaje son fruto precisamente de ese maridaje. Maite Martínez es una de las personas que ayuda a los “todavía” pocos turistas que visitan Ojo Guareña a interpretar sus valores naturales, arqueológicos o históricos, además de poner el acento en las posibilidades científicas del lugar y en las oportunidades que todos estos recursos pueden significar para la economía local y el desarrollo socio económico de la comarca. Ha apuntado que en el espacio de Ojo Guareña es posible caminar por un bosque atlántico de hayas y abedules y a dos kilómetros entrar en un bosque mediterráneo de encinas y quejigos.

 

Un ejemplar de Águila Real, que también sobrevuela por la zona de Ojo Guareña. Foto: EFE Miguel Ángel Molina

Un ejemplar de águila real, una de las rapaces que sobrevuelan por la zona. Foto: EFE Miguel Ángel Molina

Sobre ese paisaje sobrevuelan ruiseñores, cucos o el martín pescador, grandes rapaces como el buitre leonado, el alimoche, el águila real, la perdicera o el aguilucho cenizo, y habitan especies muy protegidas como el caracol moteado.

Ciencia, investigación, conservación…y desarrollo económico; porque los gestores de Ojo Guareña están convencidos de que este espacio natural puede ser el motor del territorio donde se sitúa, ya que puede hacer una oferta alternativa y diferente, pero coherente con un modelo de calidad de vida que apuesta cada vez más por la conservación de la naturaleza.

 

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Publicado en: Turismo sostenible

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