Monfragüe, un destino más que verde

Extremadura tiene muchos atractivos. Entre sus fuertes, su historia y sus recursos naturales, dos elementos que se combinan hasta alcanzar la excelencia en el Parque Nacional de Monfragüe, en Cáceres.

  • Parque Nacional de Monfragüe. Foto:Dirección General de Turismo de ExtremaduraParque Nacional de Monfragüe. Foto:Dirección General de Turismo de Extremadura
  • Varios niños observan un río. Foto: Dirección General de Turismo de Extremadura. Varios niños observan un río. Foto: Dirección General de Turismo de Extremadura.
  • <p>Águila imperial. Foto: José Gordillo Caballero. </p>

    Águila imperial. Foto: José Gordillo Caballero.

  • <p>Parque Nacional de Monfragüe. Foto: Dirección General de Turismo de Extremadura.</p>

    Parque Nacional de Monfragüe. Foto: Dirección General de Turismo de Extremadura.

  • Cigüeña Negra. Foto: FIOCigüeña Negra. Foto: FIO
Parque Nacional de Monfragüe. Foto:Dirección General de Turismo de ExtremaduraVarios niños observan un río. Foto: Dirección General de Turismo de Extremadura. <p>Águila imperial. Foto: José Gordillo Caballero. </p>
<p>Parque Nacional de Monfragüe. Foto: Dirección General de Turismo de Extremadura.</p>
Cigüeña Negra. Foto: FIO

Hace 35 años que la zona de Monfragüe fue declarada Parque Natural y seis que se le reconoció como Parque Nacional. Sus más de 18.000 hectáreas sirven de cobijo al mayor reducto de monte mediterráneo mundial, rodeado de sierras pobladas con encinares y salpicado de arroyos y montañas rocosas.

El director del Parque, Ángel Rodríguez, señala a Efetur que cada año visitan este espacio 250.000 personas buscando, especialmente, naturaleza. Entre sus fuertes, la ornitología, ya que los amantes del denominado Bird Watching (avistamiento de aves) pueden contemplar algunos de los pájaros  “más buscados” como el buitre negro o el águila imperial. Entre los planes del Parque, recuperar la presencia de otro “grande” de la Península Ibérica, el lince.

Unas 250.000 personas llegan a Monfragüe cada año, atraídas por la riqueza natural

El turismo relacionado con el avistamiento de pájaros no tiene límites y se enfoca cada vez más a los viajeros extranjeros. Por el momento, unos 20.000 viajeros foráneos se dan cita en Monfragüe con este fin que se está promocionando con celebraciones como la Feria Internacional de Ornitología (FIO). Además de británicos, llegan holandeses -cada vez más- alemanes y franceses.

Entre los planes de futuro para este paraíso natural, la restauración de las zonas que se degradaron justo antes de la protección como Parque, para lo que se están llevando a cabo “actuaciones muy importantes” .

Para Rodríguez, la colaboración de los municipios que rodean el Parque es básica. De hecho, se ha desarrollado una infraestructura hotelera “suficiente” para recibir a los visitantes y ofrecerles una experiencia “de calidad”, por lo que se ofrece “lo mejor de nosotros”.

Breves apuntes históricos

La vida del ser humano en el Parque de Monfragüe ha estado vinculads a su orografía. Las primeras huellas del ser humano en este enclave se remontan al Paleolítico, si bien las manifestaciones más interesantes son las pinturas rupestres que representaban figuras humanas, animales, alineaciones, barras y signos abstractos.

Mucho más  tarde, con el desarrollo de la agricultura y la ganadería, el Parque vive la Edad de Bronce, de la que quedan algunos detalles, como el conjunto de joyas conocido como el Tesoro de la Serradilla.

Monfragüe deviene de la voz árabe Al-Mofrag que significa “el abismo” o “cruce de caminos”

Los romanos y los árabes también hicieron suya esta tierra. De hecho, el nombre del parque proviene de esta última época, en la que se denominó a este enclave Al-Mofrag que quiere decir “el abismo” o “cruce de caminos”.

Entre los espacios arquitectónicos señalados, el Puente del Cardenal o el castillo de Monfragüe.

A la mesa

La cocina tradicional, basada en los productos de la tierra, merece un renglón aparte en este lugar. Para Rodríguez, “apostar por los productos naturales y, de camino, echar un cable a los productores locales, debe ser la clave”.

No vale perderse el gazpacho, la sopa de tomate, el cordero, la torta del Cásar y el jamón ibérico

Se puede comenzar el día con unas migas o torrijas con miel. Nada mejor que iniciar el almuerzo con una degustación de ibéricos y de quesos, en los que no pueden faltar la Torta del Casar o los quesos de cabra de los Ibores. Para los primeros platos, se puede optar por espárragos, gazpachos o sopa de tomate.

Para los que prefieren carne, cordero o caldereta de cabrito o los platos de caza. El pescado tiene magníficos exponentes en la trucha o la tenca. Para regar tanto manjar, un caldo de la tierra, de la Denominación de Origen de Guadiana o los vinos de Habla. Para dejar un recuerdo dulce de la visita, tarta de queso o elaboraciones típicas, sin dejar de lado los frutos rojos.

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