ENTREVISTA

Lorenzo del Amo: “La gente quiere taparrabos por la mañana y cubata por la noche”

A Lorenzo del Amo le definen como viajero independiente. Él se define como turista. Fue un aventurero. Durante su juventud  recorrió África y viajó hasta India por tierra. La Sociedad Geográfica Española acaba de hacerle Miembro de Honor.

Lorenzo del Amo en su casa de Madrid durante la entrevista con Efetur. Foto: Lilián Aguirre

Viajes por tierra, meses de andadura a destinos tan recónditos en aquel momento como India o el continente africano. Hasta que un accidente en el río Níger truncó esa trayectoria.

No obstante, Lorenzo continuó diseñando viajes, porque durante la organización “se disfruta mucho, es divertido, yo soñaba planificando los viajes… pero claro, eso si luego vas a viajar, los vas a hacer realidad…”

“Me hice viajero por pura curiosidad”, dice Lorenzo, que habla despacio, casi con timidez al principio, pero que luego se va animando y va dejando que su sonrisa se haga un hueco en su rostro. Y sus ojos brillan al rememorar sus aventuras.

La idea de Lorenzo de dar la vuelta al mundo “era un sueño, una utopía” que se quedó en un viaje en autoestop a Katmandú

Piensa que, quizá, le denominan “viajero independiente” porque “yo me preparaba todo, los vehículos, los documentos, todo… no contaba con una agencia de viajes”.

Viajes a lo desconocido

Dicen que él fue el promotor del primer viaje de aventuras organizado. ¿Puede organizarse una aventura? Lorenzo se ríe. Se llamó de este modo a los viajes que se salían de lo normal. Se salía de Madrid en una fecha; se tenía un recorrido más o menos previsto, pero nunca se sabía el día en el que se terminaba el viaje. Y eso que “se preveían unos días para los imprevistos”. Y se llamaban viajes de aventura porque se visitaban países que aquí ni se conocían, “porque de Turquía para allá en aquella época se desconocía casi todo”. Estos viajes se salían de todas las rutas.

 

Ese primer viaje de aventuras organizado en España fue a Katmandú. Y tuvo su origen en “un sueño, una utopía”, que era la idea de Lorenzo de dar la vuelta al mundo y que se quedó en un viaje en autoestop hasta Katmandú que fue el primero que Lorenzo llevo a cabo y una especie de “ensayo general” de ese viaje organizado que realizó después.

Idea que se gestó en Londres, entre él, su hermano y un par de amigos. Una vuelta al mundo que nunca llegó a ser tal y que comenzó con problemas y sobresaltos mucho antes de iniciarse. “Éramos 5, uno hablaba inglés y era el que se encargaba de la documentación, visados y esas cosas… pero se enamoró, se casó y abandonó la idea del viaje”. Y no fue el único. Otro miembro del grupo “vino a España a recoger documentación y decidió quedarse aquí”.

De Berlín a Katmandú

“Finalmente, nos quedamos tres para hacer aquel viaje que pensábamos comenzar por África”, lo cual era un sueño, “no teníamos ni idea de lo que había allí…”. Pensaron que el mejor medio para hacer el viaje era una furgoneta Volkswagen, que eran baratas y se podían encontrar piezas de repuesto en cualquier parte. De modo que Lorenzo tomó rumbo a Alemania a comprar el vehículo y, cuando estaba allí, su hermano le comunicó que el otro amigo, “Faniqui, que era el mecánico de la expedición” había decidido no hacer el viaje.

Todo se complicaba sin haber comenzado siquiera y Lorenzo se fue a Berlín, “en aquellos tiempos la ciudad más libre de Europa, un lugar muy atractivo para los jóvenes” y allí se quedó “16 meses”. En ese tiempo, también su hermano abandonó. “Vino a Berlín y me dijo que se casaba y que se iba a vivir a Finlandia”.

“Entonces yo, que conocía gente que había estado en India pensé que quizá era mejor idea comenzar la vuelta al mundo por ahí. Pensé en ir en una primera etapa a Estambul y partí hacia allá en autoestop con una chica que conocí en la Universidad”. Ella se quedó en Kabul y Lorenzo prosiguió su viaje que resultó más largo porque “conocí a una chica, me enamoré… y me quedé en India un tiempo”.

Lorenzo del Amo en 1977 durante uno de sus viajes. Foto cedida por la SGE.
Lorenzo del Amo en 1977 durante uno de sus viajes. Foto cedida por la SGE. 

De vuelta a España, pensando en seguir viajando, “me acordé de los overlanders que había conocido en Londres y compré un furgón grande, lo preparé con 8 camas y busqué gente para hacer el viaje a Katmandú”. Salieron de Madrid 9 personas, uno de ellos su amigo Faniqui, el mecánico, “él no pagaba porque ponía su trabajo de mecánico, los demás sí”. Era el mes de octubre de 1974. Y era el primer viaje organizado de aventura en nuestro país. Lorenzo organizó después otro más con el mismo itinerario “con dos camiones”.

“Me acordé de los overlanders que había conocido en Londres y compré un furgón grande, lo preparé con 8 camas y busqué gente para hacer el viaje a Katmandú”.

En una ocasión, debido a una enorme nevada, uno de los vehículos se quedó tirado cerca de la frontera de Irán con Turquía. “El otro camión intentó sacarlo y se quedó allí también y finalmente fue un tractor quien logró sacarnos de allí”.

Rumbo a África en tractor

Y eso provocó una idea aparentemente de lo más peregrina, que Lorenzo puso en práctica en su siguiente viaje, que ya sí fue a África. La aventura en esta ocasión se llevó a cabo en un tractor, “porque estaba convencido de que era el vehículo perfecto para cualquier terreno, para la selva, para el desierto…”. De modo que Lorenzo y su socio compraron un tractor de segunda mano, “nos fabricamos un remolque con una plataforma que compramos en una chatarrería…” y así partieron tres amigos hacia África.

Pero “con un tractor no se podía circular por la M-30”, recuerda Lorenzo, y aquel remolque que se habían preparado “no tenía documentación, lo sacamos de una chatarrería, y tuvimos que salir de noche, a escondidas, para que no nos pillaran.”

Aquel convoy tardó tres días en llegar a Algeciras. “Cruzamos a Ceuta… y no nos dejaron entrar en Marruecos, de modo que volvimos a embarcar hacia Algeciras y nos dirigimos a Alicante”, desde donde salía un barco cada 15 días a Argelia. “Aquello nos costó 60.000 pesetas, lo cual era un dineral. Menos mal que lo compensamos con la compra de 2.000 litros de gasoil, que en Argelia estaba barato, a unos 40 céntimos”.

Compraron un tractor de segunda mano, “nos fabricamos un remolque con una plataforma que compramos en una chatarrería…” y así partieron tres amigos hacia África.

Salieron de Madrid con bastante comida para el viaje. La empresa Chambo les dio “un montón de sobres de sopa y botes de albóndigas con tomate y estuve comiendo albóndigas dos meses, de modo que desde entonces, siempre que algo me sienta mal, ¡el sabor que noto es el de las albóndigas!” recuerda Lorenzo con una sonrisa en los labios.

Viajaron por el continente africano durante 15 meses. En mitad del trayecto pararon en Costa de Marfil y allí “estuvimos 3 meses, trabajando y después continuamos viaje hasta que tropezamos con otra dificultad, en Togo”. Allí había habido un golpe de estado unos días antes y no dejaron entrar a los tres españoles y “nos quedamos en el puerto, en tierra de nadie, hasta que a los 5 días nos dijeron que nos teníamos que ir de allí”.

Fue un barco suizo la solución a sus problemas. Se embarcaron a cambio de trabajar en el buque y así llegaron a Camerún. Hacía 9 meses que habían partido de Madrid y no tenían dinero, de modo que vendieron el tractor y continuaron dos en moto y uno en autoestop, “le atacó el mal de amores y tenía prisa por volver, solo estuvo un año”.

Cuando todo cambió

Los otros dos aventureros, en la moto, tenían intención de “bajar el Nilo hasta Alejandría” pero surgió otra complicación. “El golpe de Amin Dadá en Ruanda y la guerra que se desató lo complicó todo. Menos mal que había un barco español en Mombasa y pudimos embarcar y regresar a España.”

La aventura africana no había hecho más que empezar porque enseguida compraron un camión para hacer viajes organizados con el mismo trayecto “y regreso de los clientes en avión”, para acortar el viaje. Pero Lorenzo solo hizo dos de esos viajes. “En el siguiente, en Níger me rompí. Me tiré al río Níger para darme un chapuzón, para lavarme, y me rompí la columna”. Y el joven, de 30 años, comenzó entonces la aventura de adaptarse a vivir su vida en una silla de ruedas.

Lorenzo del Amo con su perro, El Bolas. Foto cedida por la SGE.
Lorenzo del Amo con su perro, El Bolas. Foto cedida por la SGE. 

“Seguí organizando los viajes… pero yo ya no iba. Siempre he disfrutado mucho con esa fase previa de preparación pero disfrutas si después vas a viajar, si no…” Pero durante 20 años se dedicó a eso, a organizar aquellos viajes de aventura. Y cambiaba destinos e itinerarios en cuanto se iban poniendo de moda. Por ejemplo, el lago Victoria. “Hacíamos Kenia-Uganda-Zaire-Ruanda-Tanzania-Kenia. Así dimos 28 veces la vuelta completa al lago Victoria. Pero llegó la película Memorias de África… y aquella zona se vio invadida”.

Y así, Lorenzo fue cambiando los itinerarios de los viajes que organizaba por África en cuanto un lugar empezaba a ponerse de moda por los documentales de la tele o por cualquier motivo. Hasta el año 99, que fue cuando dejaron de organizar estos viajes.

Taparrabos por la mañana, cubata por la noche

“Los viajes que nosotros programábamos eran viajes duros”. El alojamiento siempre era en camping y en acampada libre exclusivamente. Lorenzo nos explica, casi emocionado, la diferencia que hay entre esa experiencia y otras. “Si acampas, por ejemplo, en medio del Serengueti, montas las tiendas tú mismo y estás oyendo rugir de verdad a los leones; y se hace una hoguera y allí se hace la comida. Se participa mucho más. Es más auténtico”, recuerda.

“Me daba mucha rabia que siempre había gente que, o bien no se enteraba del viaje, o bien se quejaba por cosas tan absurdas como el calor o los mosquitos…” recuerda.  Y dice que la gente quiere viajar a lugares en los que no haya turismo, pero que haya asfalto. “Y si hay asfalto, hay hoteles… y hay turismo”, sentencia.

Dimos 28 veces la vuelta completa al lago Victoria. Pero llegó la película Memorias de África… y aquella zona se vio invadida”.

Define Lorenzo al turista, o viajero, con un toque de contrariedad en su expresión. “La gente quiere taparrabos por la mañana para el vídeo, aventura -poquita- para las fotos y por la noche que les ponga un cubata un señor con pajarita”. Y a Lorenzo eso no me gustaba. “Por eso dejé de organizar viajes. Acabé harto del turista, no del turismo”.

Durante los 20 años siguientes a su accidente en los que trabajaba organizando viajes, Lorenzo continuó ligado a África. “Durante años estuve viviendo 6 meses en Kenia y 6 en Madrid; allí tenía más calidad de vida.”  Y en 1994 realizó un viaje más especial. Era el aniversario de aquel primero que hizo a Katmandú. Aunque Madrid-Estambul se hizo por avión, porque si no el viaje se hacía excesivamente largo, “hicimos por tierra Estambul-Delhi”.

Él y su historia han inspirado un libro –Anochece en Katmandú– y una película –Anochece en India– que fue nominada este año a los Goya como mejor guión adaptado. Quiere Lorenzo dejar claro que sólo ha servido de inspiración. “El libro no termina de reflejarme”, seguramente porque el autor conoce la historia, “pero a mí no me conoce”. En cuanto a la película, asegura que los primeros guiones eran muy divertidos “pero hizo 8 en total, cada vez más cortos por problemas presupuestarios”. El protagonista, “el que se supone que soy yo, lo interpreta Juan Diego, que es un magnífico actor”.

Ahora, le ha concedido un premio la Sociedad Geográfica Española. Le nombra Miembro de Honor. Él, con una humildad absolutamente sincera dice que le parece “fantástico” pero que  le extraña, porque la SGE ha premiado a Miguel de la Cuadra Salcedo, por ejemplo, “y a otros muchos que han hecho cosas fantásticas…”

Y tú, Lorenzo. Tú también has hecho cosas fantásticas. No eres periodista, ni escritor, ni fotógrafo, de modo que no hiciste públicos tus viajes como han hecho otros, pero eran igual de fantásticos. Seguro.

 

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Publicado en: Viajero

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