INDIA

Ladakh: aventura en el Tíbet indio

Es uno de esos pocos lugares en los que el tiempo parece haberse detenido, de tal forma, que se puede disfrutar en toda su esencia. Se trata de Ladakh, un paraíso perdido en plena cordillera del Himalaya conocido como el pequeño Tíbet de la India.

  • <p>Una vista de la gran cordillera del Himalaa desde Ladakh.  EPA/ALTAF QADRI</p>

    Una vista de la gran cordillera del Himalaa desde Ladakh. EPA/ALTAF QADRI

  • <p>Vista de la cordillera de los Himalaya desde el monasterio budista de Likir, región de Ladakh, India. Foto: Luis Ángel Reglero</p>

    Vista de la cordillera de los Himalaya desde el monasterio budista de Likir, región de Ladakh, India. Foto: Luis Ángel Reglero

  • <p>Mujeres con el traje típico de Ladakh, India. EFE/ LUIS ÁNGEL REGLERO</p>

    Mujeres con el traje típico de Ladakh, India. EFE/ LUIS ÁNGEL REGLERO

  • <p>Monje budista en el monasterio de Spituk, en la región de Ladakh, India. EFE/ LUIS ÁNGEL REGLERO</p>

    Monje budista en el monasterio de Spituk, en la región de Ladakh, India. EFE/ LUIS ÁNGEL REGLERO

  • <p>Vista del monaterio de Spituk desde el río Indo, región de Ladakh (India). EFE/ LUIS ÁNGEL REGLERO</p>

    Vista del monaterio de Spituk desde el río Indo, región de Ladakh (India). EFE/ LUIS ÁNGEL REGLERO

<p>Una vista de la gran cordillera del Himalaa desde Ladakh.  EPA/ALTAF QADRI</p>
Vista de la cordillera de los Himalaya desde el monasterio budista de Likir, región de Ladakh, India. Foto: Luis Ángel RegleroMujeres con el traje típico de Ladakh, India. EFE/ LUIS ÁNGEL REGLEROMonje budista en el monasterio de Spituk, en la región de Ladakh, India. EFE/ LUIS ÁNGEL REGLEROVista del monaterio de Spituk desde el río Indo, región de Ladakh (India). EFE/ LUIS ÁNGEL REGLERO

Pocos paraísos perdidos quedan ya lejos del turismo masivo, en la era de la globalización en la que casi ningún rincón del planeta se escapa del ojo público. Pero la India conserva en uno de sus rincones uno de esos lugares en los que el tiempo parece haberse detenido de tal forma que se puede disfrutar todavía en toda la esencia de una tierra única: Ladakh.

El pequeño Tíbet indio, como a algunos les gusta llamarlo, mantiene unas peculiaridades que lo convierten en un lugar único en plena cordillera del Himalaya.

Una postal de templos budistas entre montañas desérticas, por las que pasear a lomos de un yak y disfrutar de una vista imponente desde las aguas del río Zanskar practicando rafting, o visitar al último rey de este reino perdido, en el que hay quien mantiene que se refugian los últimos arios.

Puerta del Himalaya

Ladakh se encuentra en la Cachemira india, a más de 3.000 metros de altura, rodeada de picos de hasta 7.000 metros, en el extremo noroccidental del país asiático. Solo llegar hasta su capital, Leh, ofrece toda una experiencia al viajero.

El vuelo a Leh permite disfrutar desde el aire de la grandiosidad de las montañas con nieves perpetuas que lo rodean. Los únicos vuelos regulares parten de Nueva Delhi y desde las dos capitales de la región cachemir, Jammu y Srinagar. Con tarifas nada baratas en época alta a menos que se reserven con tiempo.

Vista del monaterio de Spituk desde el río Indo, región de Ladakh (India). EFE/ LUIS ÁNGEL REGLERO

Vista del monaterio de Spituk desde el río Indo, región de Ladakh (India). EFE/ LUIS ÁNGEL REGLERO

Los vuelos diarios son escasos. La pista solo opera por la mañana porque los vientos por la tarde dificultan las maniobras en uno de los aeropuertos situados a mayor altura el mundo.

La alternativa por tierra aporta una pizca de aventura que compensa el cansancio de recorrer cerca de 500 kilómetros subiendo y bajando puertos de hasta 5.000 metros de altitud. Nieve, desfiladeros de vértigo y ríos son solo algunos de los retos que plantea la carretera, oficial y eufemísticamente llamada autopista, que se puede tomar en Srinagar por el oeste o en Manali por el este.

La ruta solo está abierta en verano, cuando se llena de amantes de la Royal Endfield (la Harley-Davidson india), los todoterreno o incluso de quienes se atreven en bicicleta.

El viaje dura casi un día entero en autobuses privados, más caros pero más rápidos y cómodos, mientras que el transporte público tarda dos días, ya que hacen noche a mitad de la escabrosa ruta.

De la paz del monasterio a la aventura

Una vez en el destino deseado, las posibilidades de disfrute son bien variadas. “Se puede disfrutar de turismo cultural, en monasterios budistas centenarios; es un paraíso para la aventura, con senderismo, montañismo o rafting y para amantes de la naturaleza, con lagos de montaña llenos de aves, muchas de ellas especies raras”, asegura a Efe el director adjunto de Turismo en Ladakh, Mehboob Ali.

“Se puede disfrutar de turismo cultural, en monasterios budistas centenarios y es un paraíso para la aventura, con senderismo, montañismo o rafting”

El día puede comenzar al amanecer en la paz de un monasterio budista escuchando los cánticos de los monjes, reconocidos como patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco.

Los propios monasterios de Ladakh bien merecen ese reconocimiento: Hemis, Alchi, Spituk, Diskit, Lirkir o Thiksey son solo algunos de los ejemplos de auténticos tesoros escondidos que atesoran tanto arte como historia milenaria. El dalái lama, exiliado en la India, suele acudir varias veces al año a alguno de ellos.

“En Nubra quedan los últimos restos del comercio de la antigua Ruta de la Seda a Yarkand, en China”

La jornada también empieza bien temprano si se opta por visitar alguno de los atractivos naturales como Pangong Tso, un lago cuyas aguas cristalinas reflejan la espectacularidad de las montañas que lo rodean, o el Valle Nubra, con sorprendentes dunas de arena blanca en medio de los Himalaya. “En Nubra quedan los últimos restos del comercio de la antigua Ruta de la Seda a Yarkand, en China”, comenta Ali.

Las distancias no son fáciles en las cumbres de Ladakh y estas visitas llevan hasta cinco horas de camino en el caso del lago, o el tener que cruzar el que se supone que es el paso de carretera más alto del mundo, Khardung La, para llegar al valle.

Una imagen invernal de la zona con un campesino en una barca en el lago Nigeen en Srinagar. EPA/FAROOQ KHAN

Una imagen invernal de la zona con un campesino en una barca en el lago Nigeen en Srinagar (India). EPA/FAROOQ KHAN

La foto a lomos de un yak en Pangond Tso o de un camello asiático en Nubra es una opción recurrente. Estos y otros destinos en la región requieren un permiso turístico, aunque fácil, rápido y barato de tramitar, debido a su localización fronteriza con China y con Pakistán y a las disputas territoriales en la zona.

“No hay duda de que Ladakh es una opción mejor que el Tíbet, porque a nadie le gustaría encontrarse con restricciones después de pagar mucho dinero por los permisos y aquí tienes más libertad“, subraya el responsable turístico.

“Ladakh es una opción mejor que el Tíbet, porque a nadie le gustaría encontrarse con restricciones después de pagar mucho dinero”

Ladakh, como el resto de Cachemira, está plagada de bases militares del Ejército indio, pero la visita es segura y el único “pero” pueden ser los eternos controles de seguridad en el aeropuerto.

Además de las visitas a templos o escenarios naturales en vehículo, la región es un paraíso para el senderismo, con multitud de alternativas en función de la dificultad y del tiempo disponible. Aunque antes de aventurarse a emprender la ruta hay que ser conscientes de ciertos riesgos, como el mal de altura, si no se está bien informado y preparado para largas caminatas en cotas altas.

Experiencia inolvidable

“Ladkah es diferente y único, por su patrimonio cultural, la belleza de sus paisajes y por su paz, sin la masificación de otros destinos turísticos pero con todos los servicios, incluidos los necesarios para la aventura”, resume Rakesh Agstam, agente turístico especializado en la zona.

“Ladkah es diferente y único, por su patrimonio cultural, la belleza de sus paisajes y por su paz, sin la masificación de otros destinos turísticos”

Una de las rutas míticas es la del Zanskar en invierno, que requiere al menos dos semanas andando sobre el río helado y durmiendo en cuevas. Al final del recorrido espera un curioso rey en la aldea de Zangla, sin poder pero con suficiente hospitalidad como para poder compartir con su familia el típico té con mantequilla de la zona.

“Algunas de las rutas de senderismo y de montañismo más recomendadas son el valle Markha y Stok Kangri“, apunta Agstam. La montaña de Stok Kangri alcanza los 6.153 metros de altura, pero la subida es asumible con unas mínimas condiciones físicas, sin necesidad de ser un montañero profesional.

Otra alternativa es disfrutar del río salvaje practicando rafting en verano, baño para atrevidos incluido en sus aguas, frías incluso en esa época, una vez que sus rápidos se amansan en la confluencia con el Indo.

“La experiencia es inolvidable, incluso puedes alojarte con los monjes y aprender meditación”

Paraíso perdido también para los amantes de los animales, algunos safaris turísticos prometen ver especies como el leopardo de las nieves, algo que no siempre es tan sencillo de conseguir como de anunciar.

También hay opciones para quienes disfrutan de la astronomía, con un cielo limpio que no es fácil de encontrar en uno de los países más contaminados y contaminantes del mundo.

Una tierra tan bella como remota en uno de cuyos valles escondidos perviven los brokpas, los que se supone que son los últimos arios, que ya solo se pueden encontrar en un lugar tan singular como Ladakh.

“Lo recomendaría, por la belleza única de su escenario montañoso, la hospitalidad de su gente y la amplia variedad de actividades posibles. La experiencia es inolvidable, incluso puedes alojarte con los monjes y aprender meditación”, relata a Efe la turista holandesa, Jorine Büthker. “Me esperaba Ladakh como un pequeño Tíbet. Es una buena alternativa”, concluye la joven.

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Publicado en: El mundo

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