GUATEMALA

Los indígenas, imprescindibles para preservar naturaleza y patrimonio en Guatemala

Un refugio de casi 3.000 años con una simbiosis perfecta entre biodiversidad y cultura prehispánica. Es el Parque Nacional Yaxhá-Nakum Naranjo, un área protegida de Guatemala que sobrevive gracias a los indígenas.

El parque arqueológico Yaxhá-Nakúm-Naranjo, Guatemala. Foto: EFE/Esteban Biba

Alrededor de este tesoro cultural, en el que se construyeron acrópolis, calzadas y canchas para el juego de la pelota, hay unas 30 comunidades que colaboran constantemente con su cuidado y de las que surgen guías que conocen el parque y su hábitat al dedillo, lo que les permite conducir con precisión a los miles de turistas.

Objetivo: preservar el entorno

Precisamente es un trabajo de codo con codo con estas personas lo que posibilita hacer una gestión transparente para preservar el entorno y las reliquias de edificaciones de un imperio que habitó Guatemala entre el año 800 antes de Cristo y 900 después de Cristo.

Las decisiones, explica el director del parque, Luis Guerra, se toman en una mesa de diálogo en la que participan representantes de las comunidades y el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).

“¿Quién mejor que yo para explicar el parque?”, dice Michelle, una guía comunitaria capacitada por el Instituto Nacional de Turismo (Inguat) y que también puede dar el tour en inglés.

Yaxhá recibe a más de 30.000 visitantes al año y aunque todavía cuenta con una afluencia menor que el parque arqueológico Tikal, ubicado a 30 kilómetros y con una estimación de visitantes cercano a los 300.000, los guías locales esperan que el manejo responsable del lugar atraiga a más turistas.

Imagen del parque arqueológico Yaxhá-Nakúm-Naranjo, Guatemala. Foto: EFE/Esteban Biba

Imagen del parque arqueológico Yaxhá-Nakúm-Naranjo, Guatemala. Foto: EFE/Esteban Biba

El parque, rodeado de la selva petenera y de una laguna, es un templo de fauna. En sus 370 kilómetros cuadrados es habitual observar halcones de diferente tamaño, tucanes, pájaros carpinteros de cresta roja, pavos reales, lagartijas de diferentes colores y monos aulladores que se cuelgan de las copas de los árboles.

Para preservar esta riqueza natural, la cooperación con las comunidades se erige como elemento indispensable para evitar la caza ilegal de las especies que lo habitan.

Por este motivo, 19 representantes de la Red Latinoamericana de Cooperación Técnica en Parques Nacionales, otras Áreas Protegidas, Flora y Faunas Silvestres (Redparques) tuvieron a finales de octubre su reunión anual en este exquisito paraje, con el fin de apreciar la labor.

Este mecanismo de cooperación, creado en 1983 con apoyo de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), está liderado por instituciones públicas responsables de los sistemas de parques nacionales y áreas protegidas, según el Conap.

El fin es contribuir con la conservación de la diversidad biológica de la región y el desarrollo de las áreas protegidas locales.

Durante la jornada, Ana del Carmen de León, del Consejo Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conap) de Guatemala, realizó una exposición sobre certeza jurídica en Áreas Protegidas, una tarea que desarrolla el país centroamericano para garantizar la supervivencia de esas zonas y asegurar así también la contribución a detener el cambio climático.

Guatemala es uno de los 19 países megadiversos del mundo. Tiene 334 áreas protegidas declaradas que representan el 33 por ciento del territorio y en ellas conviven más de 720 especies de aves, 244 mamíferos, 245 de reptiles, 1.033 de peces, 147 de anfibios y 10.317 ejemplares de plantas.

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Publicado en: Turismo sostenible

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