RUTA DE LA SEDA

Gansu, a la espera del viajero internacional

Vinculadas o no con la Ruta de la Seda, la provincia china de Gansu atesora innumerables joyas culturales, arquitectónicas y naturales que aguardan a ser descubiertas por el turismo internacional. Montañas policromadas, desiertos con oasis y grutas budistas son solo algunas de ellas.

  • <p>Fortaleza en la ciudad china de Jiuyuguan que dio origen a la Gran Muralla. Foto: Efetur</p>

    Fortaleza en la ciudad china de Jiuyuguan que dio origen a la Gran Muralla. Foto: Efetur

  • <p>Panorámica de Lanzhou (China) con el río Amarillo en primer término. Foto: Efetur</p>

    Panorámica de Lanzhou (China) con el río Amarillo en primer término. Foto: Efetur

  • <p>Parque de las norias en Lanzhou (China). Foto: Efetur</p>

    Parque de las norias en Lanzhou (China). Foto: Efetur

  • <p>Montañas policromadas en el Parque Geológico Nacional de Zhangye Danxia (Gansu). Foto: Efetur</p>

    Montañas policromadas en el Parque Geológico Nacional de Zhangye Danxia (Gansu). Foto: Efetur

  • <p>Duna en el desierto de Gobi en la ciudad de Dunhuang (China). Foto: Efetur</p>

    Duna en el desierto de Gobi en la ciudad de Dunhuang (China). Foto: Efetur

<p>Fortaleza en la ciudad china de Jiuyuguan que dio origen a la Gran Muralla. Foto: Efetur</p>
Panorámica de Lanzhou (China) con el río Amarillo en primer término. Foto: EfeturParque de las norias en Lanzhou (China). Foto: EfeturMontañas policromadas en el Parque Geológico Nacional de Zhangye Danxia (Gansu). Foto: EfeturDuna en el desierto de Gobi en la ciudad de Dunhuang (China). Foto: Efetur

La VI Feria de Turismo Internacional de la Ruta de la Seda, celebrada en Gansu entre el 20 y el 22 de junio, ofreció las delegaciones nacionales e internacionales invitadas –entre las que se encontraba Efetur- un ejercicio práctico que nos permitió conocer de primera mano algunas de las innumerables joyas turísticas de la provincia.

Tomando como punto de partida la capital de la provincia, Lanzhou, pudimos descubrir la ciudad desde una perspectiva muy diferente a la habitual. Para ello, subimos a bordo de uno de los numerosos cruceros que a diario surcan el río Amarillo y que permiten contrastar la modernidad de los edificios de su margen izquierda con la tradición milenaria de los templos de su margen derecha. En ambos casos, llama la atención sobre todas las cosas la exuberante vegetación que desafía, sin saber en un principio muy bien cómo, el avance imparable de la aridez que domina el paisaje apenas unos cientos de metros más allá. Un misterio que pronto se desvela cuando el guía sugiere a los turistas que se fijen en las colinas circundantes, roturadas con terrazas concéntricas y dotadas de sofisticados sistemas de irrigación que permiten el cultivo de auténticos vergeles. En su marcha a contracorriente, el crucero también se desliza frente a un no menos sofisticado complejo de norias que, construidas allá por el siglo XIV, se utilizaban originalmente para aportar agua a los cultivos aledaños.

Allí mismo, a la sombra de una de esas norias de hasta 20 metros de diámetro, los turistas pueden alquilar una de las muchas balsas que se mantienen a flote sobre pieles infladas de ovejas y que retan a la poderosa corriente como ya lo hacían antaño los habitantes de la ciudad antes de la construcción de los primeros puentes. Si lo prefieren, también pueden acercarse a saludar a la madre del río Amarillo, una enorme escultura pétrea que reposa impasible de espaldas al torrente mientras disfruta en el parque que la rodea de la gente que practica taichí, reza, juega al ajedrez, canta o pasea.

En realidad, este es un ambiente muy habitual en cualquiera de las zonas verdes de la ciudad, como también lo es en los jardines que se extienden a los pies de la Montaña de los Cinco Manantiales, donde además se puede rendir tributo a los dioses del taoísmo que han elegido como morada alguno de sus abundantes templos.

El Gobierno local de Lanzhou (China) intenta ganar terreno al desierto plantando auténticos vergeles en sus montañas. Foto: Efetur

El Gobierno local de Lanzhou (China) intenta ganar terreno al desierto plantando auténticos vergeles en sus montañas. Foto: Efetur

Rumbo a las montañas de colores

Dirección noroeste, a unas tres horas en un moderno y flamante tren de alta velocidad, la ciudad-prefectura de Zhangye aguarda al visitante con una maravilla de la naturaleza prácticamente imposible de encontrar en cualquier otra parte del mundo. Tan solo la montaña peruana de Ausangate puede rivalizar en su espectacular policromía con las que se encuentran en el Parque Geológico Zhangye Danxia.

Esta formación natural deslumbra a quien la observa con los colores que tiñen a rayas las laderas de unos promontorios que se pierden en el horizonte cuando son contemplados desde lo más alto de unos flamantes miradores. Una visión evocadora que se graba a fuego en la retina del viajero hasta que las tormentas de arena que nublan las vastas llanuras que separan esta zona de la ciudad de Jiayuguan –la siguiente parada- consiguen borrarla por completo.

Pero antes, bien merece la pena hacer una visita al mayor Buda yaciente del mundo que, con unas dimensiones de 34,5 metros de largo y una distancia entre sus hombros de 7,5 metros, reposa oculto tras los muros de una reliquia arquitectónica del siglo XI. La imagen sagrada está rodeada de 10 discípulos que dirigen su mirada intimidatoria al turista para evitar que tomen fotos. Si no lo consiguen, los guardianes del templo se encargan de hacerlo. Aunque siempre hay maneras de llevarse un recuerdo gráfico…

Camino al desierto de Gobi

A tan solo tres horas en autobús y nuevamente dirección noroeste, el germen de la Gran Muralla todavía resiste el envite del paso del tiempo y consigue preservar la fortaleza que desde el siglo XIV regulaba el paso del corredor natural del Hexi, que tradicionalmente ha conectado la meseta tibetana con el desierto de Gobi y las praderas de Mongolia Exterior.

En un entorno agreste dominado por montañas lejanas coronadas con nieves perpetuas, el turista se encuentra con una arquitectura completamente diferente a la que las imágenes más típicas nos muestran de la Gran Muralla. Al cobijo de diseño aparentemente rústico, los tenderos ofrecen todo tipo de productos artesanales, desde cuadros con filigranas realizadas con pieles de animales hasta auténticas obras de arte de la caligrafía china. Merece la pena detenerse a contemplar el espectáculo de sombras chinescas, fácil de localizar porque siempre está rodeado de gente.

Espectáculo de sombras chinescas en la ciudad de Jiuyuguan. Foto: Efetur

Espectáculo de sombras chinescas en la ciudad de Jiuyuguan. Foto: Efetur

De vuelta al autobús y a cinco horas en la misma dirección noroeste, el impresionante desierto de Gobi abre sus puertas frente a la Montaña Mingsha, a las afueras de la ciudad de Dunhuang. En realidad, más que una montaña en sí, se trata de un complejo de dunas de fina arena que, formando un estrecho pasillo, dan cobijo al Lago Yueya, un oasis que, en su día, daba de beber al templo que se erige junto a una de sus orillas.

La experiencia única de adentrarse en el desierto, especialmente en medio de una tormenta de arena, se complementa con paseos a camello, esquiando sobre la arena o, simplemente, rodando dunas abajo.

No muy lejos de allí, en un entorno igualmente espectacular, las Grutas de Mogao tampoco dejan a nadie indiferente. Más que grutas, este monumento declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco representa un entramado de cuevas que, horadadas en la falda de una montaña, fueron utilizadas por monjes budistas en su práctica de la meditación. En su interior, muchas de ellas albergan verdaderas obras de arte que adoptan la forma de esculturas y pinturas religiosas.

(No Ratings Yet)
Loading...
Etiquetado con:
Publicado en: El mundo

Turismo TV <p>Entrevista al alcalde de León, Antonio Silván. Foto: EFETUR</p>
Ver video

Entrevista a Antonio Silván, alcalde de León, Capital española de la gastronomía 2018 duración: 4:44

Ver más videos

SERVICIOS