BARCELONA

Objetivo en Barcelona: en busca de la paz con los turistas

El experto en turismo de masas Claudio Milano ve “lógico” que muchos barceloneses se sientan invadidos por los turistas y noten la presión que generan, por lo que propone un nuevo modelo de ciudad que logre “la pacificación entre el turista y el barcelonés, y que éste no sienta que le están robando su ciudad”.

Rambla de Barcelona. EFE/Toni Garriga

Doctor en Antropología Social y Cultural por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Claudio Milano es director del Máster en Destinos Turísticos Sostenibles e investigador de la Ostelea School of Tourism & Hospitality, y está elaborando un estudio sobre turismo de masas en Barcelona.

En una entrevista con Efe, Milano se muestra favorable a cambiar el término “turismofobia” por el de “residentofilia” porque “hay que tender hacia un modelo sostenible, con un nuevo modelo de ciudad”.

“La turismofobia no existe”

“La turismofobia no existe”, según asegura el experto en gestión turística sostenible, que considera que el término “es un invento de algunos sectores de la sociedad” y “no hace bien a nadie”.

Pese a ello, Milano indica que “es comprensible la reivindicación de los barceloneses, que ven cómo cada vez es más difícil poder vivir en su ciudad, la sienten invadida por turistas y ven cómo su identidad se va desvirtuando”.

El experto, que está desarrollando su investigación sobre los efectos de la saturación turística en la ciudad de Barcelona, estima que la Ciudad Condal y sus habitantes pueden acabar siendo víctimas del “monocultivo turístico” y propone un modelo de ciudad consensuado que consiga que Barcelona “viva con el turismo y no sólo del turismo”.

En su estudio, Milano argumenta que “estamos viviendo una eclosión del turismo mercantilizado, y si no gobernamos el turismo, éste nos acabará gobernando a nosotros”. En este sentido, advierte de que, con el actual modelo, “podemos acabar muriendo de éxito” y que “si nos saturamos, nos agotamos como destino”.

Para evitarlo, propone elaborar un modelo de ciudad que “sea capaz de convivir con el turismo” y en cuya creación “intervengan todos los agentes, desde los económicos a los políticos, y que cuente con las aportaciones esenciales de los movimientos sociales”.

Imagen del Mercado de La Boqueria, Barcelona. Foto: Cedida por el mercadoImagen del Mercado de La Boqueria, Barcelona. Foto: Cedida por el mercado

Además de Barcelona, como “víctimas del turismo masivo” Claudio Milano cita ciudades como Cancún, Venecia, Berlín, Toronto, Londres, Nueva Orleans o Nueva York, y avisa que “desgraciadamente, ninguna ha revertido la situación“.

En cambio, se ha referido “al intento que se está viviendo en Amsterdam“, donde “desde el departamento de márketing de la ciudad se acaba de tomar la decisión de dejar de publicitarla como destino turístico”.

En Barcelona, dice Milano, “hemos pasado de la euforia que nos proporcionaron los Juegos Olímpicos en 1992 y de sus muchos aspectos positivos a padecer las sombras” a tener una ciudad “invadida por visitantes y cuya proporción es de 4 turistas por cada barcelonés”, asegura el experto.

Presión turística

Debido a la presión del turismo, los barceloneses ahora tienen que afrontar tres problemas básicos, según el entrevistado, que son la especulación inmobiliaria, la pérdida de poder adquisitivo y la privatización del espacio público.

La proliferación de apartamentos turísticos está provocando “inflación” y una “nueva burbuja inmobiliaria”, con el “riesgo consiguiente de que los barceloneses acaben teniendo que ir a vivir a ciudades periféricas”, advierte.

En el informe, el experto también cita otros riesgos como la privatización del espacio público con el incremento de terrazas, que “está restando” espacio a los barceloneses, quienes “ven cómo pierden lugares de uso público como zonas verdes, de paseo o para el ocio”, y además “sufren la pérdida de poder adquisitivo”.

A modo de ejemplo, Milano cita la emblemática Rambla de Barcelona, que para los barceloneses “ha pasado de ser una avenida vertical y de paseo, a una calle que se utiliza básicamente como conexión entre otras vías”.

Como medidas para llegar a un modelo de ciudad “equilibrado”, el experto propone aplicar durante varios años “la fiscalización de apartamentos turísticos, paralizando las licencias turísticas y poner baremos al coste del alquiler por metro cuadrado”.

Asimismo, propone que las administraciones públicas “cierren el grifo y dejen de ayudar a financiar o promover proyectos privados”, ya que “hemos llegado a un punto” en el que “Barcelona se vende por sí misma, por inercia”, sentencia.

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