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El Cáucaso, el destino de los viajeros sin miedo

El Cáucaso norte ruso se ganó su mala fama a pulso, pero ahora ya no hay ni rastro de la guerra que arrasó Grozni, la capital de Chechenia aunque aún hay quien cree que la región sigue siendo una zona de riesgo para los turistas.

  • <p>Una torre medieval en el distrito de Argún, Chechenia. Foto; Elena Afonina (TASS)</p>

    Una torre medieval en el distrito de Argún, Chechenia. Foto; Elena Afonina (TASS)

  • <p>Desierto de Sarikum en la república de Daguestán. Foto: Elena Afonina(TASS)</p>

    Desierto de Sarikum en la república de Daguestán. Foto: Elena Afonina(TASS)

  • <p>Grupo de música y danza de Chechenia durante una actuación en la capital, Grozni. Foto:Elena Afonina (TASS)</p>

    Grupo de música y danza de Chechenia durante una actuación en la capital, Grozni. Foto:Elena Afonina (TASS)

  • <p>Imagen del lago montañoso Kecenoyam, en Chechenia. Foto: Departamento de Turismo de Chechenia</p>

    Imagen del lago montañoso Kecenoyam, en Chechenia. Foto: Departamento de Turismo de Chechenia

  • <p>La mezquita de la ciudad de Grozni. Foto: Elena Afonina (agencia TASS)</p>

    La mezquita de la ciudad de Grozni. Foto: Elena Afonina (agencia TASS)

<p>Una torre medieval en el distrito de Argún, Chechenia. Foto; Elena Afonina (TASS)</p>
Desierto de Sarikum en la república de Daguestán. Foto: Elena Afonina(TASS)Grupo de música y danza de Chechenia durante una actuación en la capital, Grozni. Foto:Elena Afonina (TASS)Imagen del lago montañoso Kecenoyam, en Chechenia. Foto: Departamento de Turismo de ChecheniaLa mezquita de la ciudad de Grozni. Foto: Elena Afonina (agencia TASS)

Aunque es más segura que otras regiones con turismo masivo, la guía Lonely Planet sigue desaconsejando viajar particularmente a Chechenia y Daguestán, mientras los defensores de derechos humanos denuncian que el Cáucaso musulmán ha ganado seguridad a costa de la creación de pequeños enclaves policiales en los que no hay cabida para la disidencia.

Pero alguien tiene que dar el primer paso. Los turistas rusos y extranjeros que han decidido vencer el miedo y adentrarse en el polvorín del Cáucaso son conscientes de que no es un lugar para mochileros haciendo autostop, pero bien merece una excursión organizada, ya que esconde una cultura y unos parajes únicos. Sería un desperdicio que siguieran siendo un misterio para el mundo.

Muralla de la fortaleza de Narin-Kalá con la ciudad de Derbent y el mar Caspio al fondo. Foto: Elena Afonina (TASS)Muralla de la fortaleza de Narin-Kalá con la ciudad de Derbent y el mar Caspio al fondo. Foto: Elena Afonina (TASS)

Aún es pronto para izar la bandera verde, pero la roja ya está de capa caída. El Cáucaso ruso ya no es territorio comanche, sino una región con fortalezas con miles de años de antigüedad, montañas, lagos y desfiladeros que quitan el aliento, mezquitas inigualables, pintorescos mercados y rostros bíblicos deseando romper su aislamiento secular.

Por algo este territorio encajado entre los mares Negro y Caspio dejó prendados con su belleza a Alejandro Magno, Heródoto, Marco Polo, Tamerlán, Pushkin o Tolstói.

Chechenia, nueva imagen

Chechenia es sin duda la que más se juega en el embite. Un paso en falso puede devolver a la república a los tiempos en que su solo nombre causaba escalofríos al que lo pronunciaba. Quizás por eso, las autoridades se lo han tomado muy en serio al apostar por un radical cambio de imagen.

Como resultado, Chechenia se parece más a un emirato del Golfo Pérsico que a una región del sur de Rusia. Las calles están impolutas, las mezquitas son lujosas y los preceptos musulmanes son respetados a rajatabla.

Grozni, que prácticamente desapareció de la faz de la tierra durante la primera guerra chechena (1994-96), como antes Dresde o Pionyang, es ahora una de las ciudades más modernas de Rusia.

Torres medievales de Uskaloiski, Chechenia. Foto: Elena AfoninaTorres medievales de Uskaloiski, Chechenia. Foto: Elena Afonina

Cuenta con la mezquita más grande de Europa, construida al estilo otomano y con un interior que recuerda, tanto a Hagia Sophia (Estambul), como a la mezquita de Córdoba (España). Además, está rodeada por la Grozni City, un centro financiero y hotelero con cinco rascacielos, que es la envidia del país.

“Hemos levantado la república de las cenizas. Todo estaba destruido. No hay nada que temer. Viene gente de todos los rincones del mundo. Los chechenos somos gente hospitalaria. Los invitados son sagrados. No debe caerles ni un solo pelo. Si les ocurre algo, es una vergüenza para toda la vida”, comentó a Efe un funcionario local.

Auténticas guaridas del lobo hasta hace unos pocos años, las ciudades de Argún y Gudermés, ahora son objeto de peregrinación de fieles musulmanes interesados en ver sus espectaculares mezquitas, que en el caso de la primera es un templo diseñado con alta tecnología que se ilumina durante las noches.

Uno de los principales atractivos de Chechenia es el ecoturismo. Desfiladeros como el de Argún, que tiene más de cien kilómetros de largo y que fue paso de entrada obligatorio de las caravanas provenientes de Asia.

La zona está salpicada de torres medievales más propias de El Señor de los Anillos, de espectaculares cañones (Cheberloyevski), antaño refugio de bandidos, y de lagos como el de Kezenoyam, que se encuentra a casi 2.000 metros de altura y es el más profundo del Cáucaso.

Daguestán

Con un potencial turístico mucho mayor, Daguestán nunca ha acaparado tantos titulares como su vecina república. Para empezar está bañada por el mar Caspio, tiene más de 500 kilómetros de costa, que incluye playas salvajes, y además allí el visitante se encuentra con la posibilidad de probar auténtico caviar negro de esturión.

Es la gran desconocida. Pocos son los que saben que acoge una de las ciudades más antiguas del mundo: Derbent. En su momento fue conocida como las Puertas de Alejandro o las Puertas Caspias.

Fachada amurallada de la fortaleza de Narin-Kalá en la ciudad milenaria de Derbent, en Daguestán. Foto: Elena Afonina (TASS)Fachada amurallada de la fortaleza de Narin-Kalá en la ciudad milenaria de Derbent, en Daguestán. Foto: Elena Afonina (TASS)

Los barcos con mercancías de la Ruta de la Seda debían atracar en su puerto para llevar sus preciadas riquezas a los bazares europeos.

Con sus casi 5.000 años de historia, esta ciudad persa en sus orígenes alberga una espectacular fortaleza o ciudadela, Narin-Kalá, desde que la se divisa la inmensidad del lago más grande del planeta.

El entorno natural daguestaní es único. Hay bosques subtropicales que llegan hasta el mar (Samurski), cañones comparables al del Colorado en Estados Unidos, con 2.000 metros de profundidad (Sulak), y desiertos con las mayores dunas de Eurasia (Sarikum).

Osetia del Norte

Tierra milenaria como sus vecinos, Osetia del Norte es la última parada y posta antes de adentrarse en el Cáucaso musulmán, integrado por Chechenia, Daguestán e Ingusetia.

Habitada en la antigüedad por pueblos como los escifos, los alanos y los sarmatos, los rusos lo convirtieron en un puesto de avanzada en el siglo XIX. Su capital, Vladikavkaz, aún conserva ese aire zarista que perdieron casi todas las ciudades con la llegada al poder de los bolcheviques.

Inaccesibles desfiladeros norosetas como el de Darial tuvieron que ser cruzados por Alejandro Magno en sus ansias de conquistar todo el mundo. Aunque el mayor atractivo de Osetia del Norte son sus milenarias tradiciones.

Grupo de música tradicional en Osetia del Norte. Foto: Elena Afonina (TASS)Grupo de música tradicional en Osetia del Norte. Foto: Elena Afonina (TASS)

La pequeña localidad de Dargavs acoge la conocida como Ciudad de los Muertos: una pléyade de criptas donde son enterrados los osetas desde tiempo inmemorial. El turista puede pasear libremente entre esas pequeñas casas fúnebres y ver a través de sus ventanucos los huesos sin enterrar de los antepasados de los osetas, una experiencia única, entre tétrica y espiritual.

La región de Alaguir es hogar de monasterios perdidos en medio de profundadas gargantas y bañados por riachuelos de aguas cristalinas. Ese es el perfecto lugar para tomarse un descanso y probar los manjares locales: las brochetas de carne, el queso de cabra, las empanadillas osetas y las truchas.

Antes de despedirse, sería bueno hacerlo con la conciencia tranquila con una excursión y homenaje a los más de 300 muertos en el secuestro de la escuela de Beslán. Y decir “nunca más”, para que el Cáucaso cierre para siempre esa trágica página de su larga historia.

Una visa del desierto de Sarikum en la república de Daguestán. Foto: Elena Afonina (TASS)Una visa del desierto de Sarikum en la república de Daguestán. Foto: Elena Afonina (TASS)

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Publicado en: El mundo

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