NATURALEZA

Historia y Naturaleza en el Parque Nacional de Guadarrama

Cultura, historia y naturaleza en estado puro son las señas de identidad del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, casi 34.000 hectáreas que invitan a descubrir los 25 hábitats diferentes que la componen y que hacen de este rincón madrileño un oasis perfecto para la desconexión.

Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama. EFE/J. Benet.Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama. EFE/J. Benet.

Tan cerca de la capital y, al mismo tiempo, tan lejos de la rutina que forma parte del día a día de los madrileños. El Parque Natural de la Sierra de Guadarrama invita a descubrir sus atractivos más allá de la naturaleza y nos envuelve con su patrimonio cultural e histórico. Porque si algo diferencia al Parque de Guadarrama del resto de los que forman la Red de Parques Naturales es su rico contenido cultural.

El decimoquinto de los parques nacionales españoles ha conseguido incorporarse a esta selecta lista con una identidad propia. La relación de sus montañas con la literatura y su papel como entorno vertebrador de la civilización romana o la hidalguía renacentista hacen de este parque un espacio natural como ningún otro.

La huella de la Historia

Junto al Monasterio de Santa María del Paular, en la localidad de Rascafría, se encuentra el Puente del Perdón, un paso que data de 1302 y que permitía a los monjes llegar hasta la papelera donde en el siglo XVI se fabricó el papel en el que se imprimió la primera parte de El Quijote.

El Puente del Perdón toma su nombre de la tradición que consistía en llevar a los presos hasta allí, donde eran interrogados por cuatro hidalgos para demostrar su inocencia. Si no lograban convencer a sus captores, el preso volvía a la Casa de la Horca, situada en los alrededores del acceso al Mirador de los Robledos, desde donde se puede observar la larga cuerda de Montes Carpetanos del parque.

Historias de ajusticiamientos y caminos romanos pueblan este parque cargado de leyenda

Y desde este mirador hasta Cercedilla, donde se puede apreciar una calzada romana que comunica Titulcia con Segovia desde el siglo I d.C. a través de la Sierra de Guadarrama. Aprovechando el cauce de los ríos y riachuelos, este camino se abre paso de manera que permite al caminante observar a su paso especies protegidas como los tejos o los serbales. Esta vía enlaza además con numerosos caminos y sirve de guía a la conocida como “ruta de los miradores de los poetas”.

Un silencio que suena a poesía

El Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita o las serranillas del Marqués de Santillana son algunos de los clásicos de nuestra literatura en los que ya aparecen referencias a la Sierra de Guadarrama.  Pero no son las únicas. Hemingway, Ortega y Gasset, Cela, Unamuno, Azorín o Aleixandre son otros de los autores que han disfrutado de estos parajes y han transmitido sus sensaciones a través de sus textos.

El amor de estos autores por la Sierra de Guadarrama llevó a bautizar algunos de sus miradores con el nombre de los poetas que los cantaron y admiraron. El primero fue el mirador de Vicente Aleixandre en 1985, al que le siguió el de Luis Rosales.

Encantos naturales

La incorporación de la Sierra de Guadarrama a la red de Parques Nacionales ha supuesto un aumento de en torno al 10 % de la superficie total de la red. Este parque, el quinto en extensión tras los de Sierra Nevada, Picos de Europa, Doñana y Cabañeros, se extiende por 28 municipios (12 de ellos de la Comunidad de Madrid) y acoge 25 hábitats de interés comunitario, dos de ellos, únicos.

Sus condiciones climáticas y su localización en el área de transición entre la región eurosiberiana y mediterránea lo han convertido en refugio de numerosas especies vegetales, desaparecidas ya en el perímetro circundante.

Parque Nacional del Guadarrama. EFE/Nines Ruiz.

Así, en el Parque Nacional de Guadarrama habitan 83 especies vegetales endémicas de la Península Ibérica (dos de ellas, exclusivas de la Sierra de Guadarrama) y presenta el 40 % de las especies animales censadas en el territorio español, 14 de ellas, endémicas. Mención a parte merecen dos especies de aves declaradas en peligro de extinción: el águila imperial ibérica y el buitre negro.

Para que la llegada de visitantes al parque no suponga un peligro para las especies que allí habitan, se recomienda que las excursiones sean sensibles a esta riqueza y que, en la medida de lo posible, se mantengan los hábitats inalterados.

Como propuestas de ocio respetuosas con el entorno, en la zona se pueden practicar desde deportes como el esquí de fondo y el snowboard durante el invierno hasta natación en las piscinas naturales una vez que llega el verano.

Además, existen alrededor de 800 kilómetros de sendas y rutas con distintos niveles de dificultad (algunas de ellas están incluso adaptadas para personas con movilidad reducida) y que se pueden disfrutar a pie o en bicicleta.

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