Juanjo Garbizu Escritor y montañero

“En ‘Slow Mountain’ propongo concebir la montaña como bálsamo para la mente”

El montañero Juanjo Garbizu habla con Efetur sobre su nuevo libro Slow Mountain, que reivindica visitar las cumbres del mundo de manera pausada e introspectiva. A su juicio, la montaña puede actuar como “bálsamo para la mente” y que el resultado de la experiencia sea terapéutica y sanadora.

<p>Juanjo Garbizu, autor del libro Slow Mountain. Foto: Cedida por Editorial Diéresis</p>

Tras el éxito de Monterapia, Juanjo Garbizu vuelve a plantear el movimiento Slow Mountain en un libro -de la Editorial Diëresis- con el que comparte ese mismo nombre y en el que ofrece una “mezcolanza” entre sus propias reflexiones y los consejos de otros expertos con un mismo objetivo: descubrir los beneficios que reporta visitar la montaña lejos de las prisas y el estrés. Sobre todo ello habla en esta entrevista con Efetur.

¿Qué es para usted el “slow mountain”? ¿A qué se refiere con este término? 

El término ‘slow’ se acuñó en 1986 en Italia. Empezó con el movimiento ‘slow food’ y se ha convertido en una tendencia mundial que compete a distintas áreas (moda, educación, viajes…). Mi filosofía es disfrutar de la montaña de manera relajada, introspectiva, tranquila y pausada, y vi que esto encajaba muy bien con el movimiento ‘slow’, es decir, concebir la montaña como bálsamo para la mente.

¿Qué se va a encontrar el lector al adentrarse en su nuevo libro Slow Mountain?

Viene a ser la reivindicación de una montaña relajada, en contraposición con lo que ocurre hoy en día. La montaña era uno de los pocos reductos que quedaban para encontrar la paz y, en los últimos años, se ha ido trasladando ese estrés que se respira en las ciudades, dando lugar a una montaña muy competitiva, muy de cronómetro. Yo quiero romper una lanza a favor de esa montaña relajada y, en el libro, lo que te encuentras son reflexiones y paralelismos con la vida, consejos, y explicaciones de cómo una montaña puede llegar a ser terapéutica y sanadora.

¿Cómo se articula la edición? ¿Se ejemplifica con experiencias personales?

Sí, el libro hace referencia a experiencias personales. Llevo desde el año 79 yendo a la montaña y mis propias vivencias sirven para hacer una especie de ensayo y ofrecer distintas reflexiones avaladas por estudios científicos que las corroboran. Ha sido una especie de mezcolanza entre vivencias y reflexiones con elementos externos, entrevistas y consejos de otros expertos, reunidos con un profundo trabajo de campo.

Portada del libro Slow Mountain. Foto: Cedida por Editorial Diéresis

Portada del libro Slow Mountain. Foto: Cedida por Editorial Diéresis

¿Qué tiene que tener el viajero para disfrutar de esta forma de hacer montañismo?

El tema del ‘slow’ es más una actitud: el lema es que “en la montaña el tiempo se detiene”. Lo primero es olvidarse de la esclavitud del reloj y buscar la compenetración con la naturaleza, porque está demostrado que ir a un monte sin prisas, viviendo el momento, sin marcar una meta concreta, huyendo verdaderamente del estrés de la gran ciudad, permite que se disfrute mucho más.

¿Cuál es su experiencia como montañero? ¿Qué montañas ha recorrido?

Los Andes, el Himalaya, el Atlas, Los Pirineos, los Alpes… Pero es importante resaltar que yo soy un montañero normal, mi montaña más continuada es ‘la del dominguero’, montes cercanos a mi hogar. Por eso mi libro no habla de grandes cumbres, sino de la insatisfacción que invade nuestra vida cotidiana y lo hago aludiendo a experiencias potentes que he vivido en primera persona.

De todas ellas, ¿con cuál se queda? ¿Cuál es la que más paz le ha transmitido?

En 1993, tuve la suerte de hacer un trekking en la zona del Ladakh, en el norte de la India, cuando todavía era una región bastante inhóspita. Siempre lo tendré marcado, por la espectacularidad del trekking y porque fue el viaje auténtico que todo el mundo busca. Una vivencia en un sitio espectacular, en collados a cinco mil metros de altura, visitando monasterios tibetanos… me marcó mucho, volví cambiado, aunque el día a día vuelve a ponerte en tu sitio.

Con el deporte como excusa ha tenido la oportunidad de descubrir países de los cinco continentes, ¿cuál es el que más le ha impactado?

India, he estado dos veces porque es un país que alucina y que, por espiritualidad o por cultura, te transmite muchas cosas. Los paisajes, los colores, los olores… me han marcado muchísimo.

Como paisaje, también me impresionó muchísimo Namibia y el desierto de Namib, brutal. Es un paisaje desolador, que puede llegar a provocar una sensación de desasosiego, pero es impresionante.

¿Con qué contenidos se refuerza la filosofía expuesta en su anterior libro ‘Monterapia’?

Una de las cosas que más miedo me daba era repetir contenidos. En estos cuatro años que han pasado entre un libro y otro me he dado cuenta de que este tema tiene mucho recorrido. En el libro actual hay aspectos complementarios, como la montaña sanadora, la filosofía de los bosques, los pueblos abandonados, y un montón de pequeños trucos para prestar atención al entorno.

Esta filosofía que planteo en la montaña es trasladable a cualquier forma de moverte por el mundo, sin postureo, retornardo un poco a la espiritualidad del viaje de antaño, al romanticismo viajero de antes.

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23 noviembre, 2018

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