Ricardo Fité Viajero

“Siempre viajo en moto porque da mucha libertad. No me planteo otra cosa”

Es licenciado en Educación Física pero no es posible presentar a Ricardo Fité sin decir que es motero, viajero y aventurero. Ha reflejado su aventura en el Mongol Rally en su libro No le digas a la mama que me he ido a Mongolia en moto, un ágil relato de aquel viaje que hizo en 2011.

<p>Ricardo Fité en un momento de su viaje. Foto: Efetur/Cedida por el autor</p>

No hace viajes convencionales, de esos que incluyen viaje en avión y hotel junto a la playa. Y siempre viaja solo porque “bastante trabajo me cuesta gestionar mis miedos e inseguridades como para verme lidiando con los de un acompañante” y siempre lo hace en moto. Se siente viajero más que aventurero y ahora mismo está en pleno proceso de vacunación para abordar su próximo viaje. Nació en Barcelona, pero vive en Estocolmo desde que uno de sus viajes le condujo hasta allí sin haberlo previsto.

¿Cómo se definiría, como viajero o como aventurero?

Me siento viajero y aunque a menudo entre amigos y familiares e incluso en algunas entrevistas me han llamado aventurero, no me siento como tal. Creo que el concepto aventura es muy personal. Para algunos, aventura es ‘todo aquello que no has hecho’ y para otros un viaje que se pueda considerar aventura tiene que tener una alta dosis de riesgo. Cuanto más leo sobre gestas de grandes exploradores de épocas pasadas que se aventuraban a lo desconocido sin saber exactamente dónde iban, qué se iban a encontrar allí o si conseguirían volver, más convencido estoy de que lo que hago es simplemente un viaje en moto.

Ricardo Fité, que viaja en su moto a lugares lejanos y ha escrito un libro sobre su participación en el Mongol Rally, posa ante un mapa mundi.Ricardo Fité, autor del libro No le digas a la mama que me he ido a Mongolia en moto. Foto: Efetur/Cedida por el autor

La historia que narra en su libro, ¿relata el desarrollo de un rally o la experiencia de un viaje?

Es un libro de un viaje. El Mongol Rally es una caravana solidaria sin una ruta ni un tiempo establecido. Aunque de forma entrañable se le ha llamado el “París Dakar de los pobres”, no tiene nada que ver con ninguna competición. No importa el orden de llegada, ni el tiempo empleado. La empresa The Adventurist organiza una ceremonia de salida en Londres y otra en un pueblo cerca de Praga. A partir de ahí los participantes han de llegar con sus vehículos a la meta, que anteriormente estaba en Ulán Bator, capital de Mongolia y actualmente está en Ulán Ude, una ciudad a orillas de Lago Baikal en plena Siberia. En No le digas a la mama que me he ido a Mongolia en moto he tratado de explicar cómo, con poca experiencia y mucha ilusión, pude llevar a cabo este viaje, desde cómo conseguí algo de dinero hasta un sinfín de anécdotas fruto de “divertidos” encuentros, ya fuera con la policía corrupta en las aduanas o con los nómadas mongoles.

“Cuanto más leo sobre gestas de grandes exploradores de épocas pasadas más convencido estoy de que lo que hago es simplemente un viaje en moto”

¿Por qué decidió hacer este  periplo por tierras lejanas y desconocidas sin más apoyo que su moto?

Desde hacía algunos veranos estaba viajando por destinos cercanos a Barcelona: Marruecos, Turquía, Cabo Norte,… pero empezó a rondarme la idea de que quería salir un poco de la zona de confort. Me apetecía cada vez más adentrarme en lo desconocido. Sentía una especie de necesidad de visitar lugares como Rusia, Asia Central y Mongolia. Me preguntaba si sería capaz de arreglármelas yo sólo para llegar a Mongolia en una vieja moto.

¿El libro es un relato de aventuras o expresa un viaje introspectivo?

Por un lado es un libro lleno de vivencias y diálogos con los lugareños. Cuando viajo no me gusta encerrarme en un hotel o en una ciudad, me apetece más visitar sitios menos concurridos y aceptar las invitaciones de sus gentes, a partir de ahí se van sucediendo las anécdotas. Sin embargo al mismo tiempo no deja de ser un libro en el que el protagonista quiere salir de la burbuja de seguridad occidental. Durante el viaje poco a poco y a base de exponerme, voy aprendiendo cómo hacerlo. A veces es el viajero el que ha de abrir sus puertas personales y vencer miedos absurdos para darse la oportunidad de conocer gente increíble.

¿Qué lugares de los que recorrió en su ruta le impresionaron más y por qué?

La República de Karakalpakia dentro de Uzbekistán. Me impresionó por el aspecto apocalíptico de su paisaje y por las condiciones en las que sus gentes han de vivir. Nada más cruzar la frontera llegando desde Kazajistán lo primero que se encuentra el viajero es un paisaje desértico de grandes llanuras y una carretera recta de unos ciento setenta kilómetros de mal asfalto. Durante este recorrido tan solo de tanto en tanto aparece algún bar de mala muerte en mitad de la nada. Pasado este primer tramo hay un momento en el que se puede tomar un desvío e ir a visitar lo que queda del Mar de Aral, o sea nada. Se trata un Mar a punto de secarse debido a la acción del hombre. Durante el comunismo, los gobiernos en la Unión Soviética y actualmente los de Uzbekistán y Kazajistán han ido desviando el cauce de los ríos que desembocaban allí, con el propósito de crear campos de algodón para satisfacer la demanda de las grandes multinacionales. Tampoco es fácil encontrar gasolina, pues no hay gasolineras y hay que preguntar continuamente y rogar que te vendan garrafas de cinco litros en el mercado negro. Por último la inflación actual hace que al cambiar doscientos euros por moneda local te veas cargando con dos bolsas de supermercado llenas de billetes. Yo necesité tres días para conseguir sacar seiscientos dólares de mi cuenta bancaria y para ello tuve que visitar seis bancos en tres ciudades diferentes. Con estas condiciones es muy difícil que una sociedad pueda avanzar. Jamás he visto nada igual.

“A veces es el viajero el que ha de abrir sus puertas personales y vencer miedos absurdos para darse la oportunidad de conocer gente increíble”

¿Es ésta de Mongolia su mayor aventura o ha vivido otras experiencias similares?

Aunque después del viaje a Mongolia he ido en moto a otros sitios como: India, Siberia, Irán o Tayikistán, el verano del 2011 fue el más especial en el sentido de adentrarse en lo desconocido, tanto en la ruta como en lo personal. A partir de ahí el encanto de la sensación de incertidumbre ya no ha sido igual. Siempre siento una ilusión tremenda a medida que se acerca el momento del viaje, pero como la de aquel verano reconozco que no. Ahora conozco a mucha gente en sitios como Rusia, Ucrania o Mongolia. Incluso a través de las redes sociales puedo contactar con gente de todo el mundo y de algún modo, a veces, tengo la extraña sensación de sentirme demasiado informado e innecesariamente seguro.

Aparte de los rallies y este tipo de rutas que lleva a cabo sobre la moto, ¿le gusta hacer otro tipo de viajes?

Viajo siempre en moto, actualmente no me planteo otra manera de viajar. La moto me da mucha libertad para moverme continuamente y para decidir si quiero estar en un sitio o no. Sin embargo debo admitir que, a veces, pienso que el hecho de anteponer la moto como una condición tan drástica a la hora de viajar tal vez me esté limitando en otros sentidos. Para compensar eso quiero empezar a viajar por el mundo pero con la intención de dejar la moto allí donde llegue al final de las vacaciones, volver a casa en avión para trabajar durante el invierno y seguir el viaje al verano siguiente sin plantearme un destino muy marcado. De todos modos el tipo de viaje es el mismo, conducir durante la mañana y parte de la tarde y al atardecer buscar alojamiento entre los lugareños para cenar con ellos y escuchar todas sus posibles sugerencias

“Hay una carretera norte de Pakistán llamada la Karakorum Highway que, desde hace años, literalmente me quita el sueño”

Además de los destinos de aventura que ha conocido, ¿a qué otros lugares ha viajado?

El verano siguiente de Mongol Rally fui a Múrmansk, una ciudad al norte de Rusia cerca de Noruega y acabé ese viaje de forma inesperada viviendo en Estocolmo. A partir de ahí ha habido diferentes viajes a sitios como India donde alquilé una moto para pasar un mes por el norte del país, o Irán donde tuve la oportunidad de conocer a uno de los hermanos Omidvar, unos exploradores que en la década de los cincuenta viajaron por el mundo en moto y en coche, auténticos pioneros de la época. En 2015 visité el Pamir, una cordillera de Tayikistán y desde donde tan solo un río te separa de Afganistán, allí pasé unos días durmiendo en las granjas de las familias tayikas. En otra ocasión fui a Vladivostok cruzando Siberia y el verano pasado bajé conduciendo desde Estocolmo a Barcelona pasando por sitios que no conocía, como Bielorrusia o Transnistria, un país no reconocido por la comunidad internacional y que cuenta con el apoyo del Kremlin.

¿Y qué destinos aún no conoce y le gustaría conocer?

Existen muchos sitios a los que me gustaría ir en próximos viajes, desde una ruta por toda la costa oeste de África, hasta una visita al norte de Pakistán donde hay una carretera llamada la Karakorum Highway que, desde hace años, literalmente me quita el sueño.

“Bastante trabajo me cuesta gestionar mis miedos e inseguridades como para verme lidiando con los de un acompañante”

¿En compañía de quién suele viajar?

A excepción de algún momento del viaje donde pueda coincidir en ruta con otros viajeros y pase algunos días con alguien, siempre viajo solo y a veces me pregunto si es buena idea. Aunque lo haga, no estoy del todo seguro si hago bien anteponiendo mis inquietudes personales al hecho de viajar con alguien como he hecho durante años, o si por el contrario sería mejor renunciar a según qué destinos y disfrutar del viaje en compañía. Conozco a viajeros en moto que han empezado el viaje en pareja y en mitad de la ruta la tensión era tan alta, que ya no había manera de separarse de forma cordial. El tipo de inquietudes, el umbral de cansancio, la tolerancia al hambre, el nivel económico, los miedos, las costumbres de cada uno y un largo etcétera se pueden convertir en diferencias insalvables para acabar sintiendo que el otro no es el compañero de viaje adecuado. Bastante trabajo me cuesta gestionar mis miedos e inseguridades como para verme lidiando con los de un acompañante. No me cierro del todo al hecho de viajar con alguien pero reconozco que se lo he propuesto a muy pocos amigos.

Y ¿qué suele buscar en los destinos que visita?

Busco convivir con los lugareños y pasar un buen rato con ellos. Para ello acepto sus invitaciones y sugerencias lo que convierte cualquier viaje en una intensa experiencia. A partir de ahí aunque me pierda visitas a museos o a los lugares más conocidos, el intercambio cultural está garantizado y por supuesto la diversidad gastronómica también. Al acabar estos viajes las vivencias han sido tan intensas y he conocido a tanta gente que vuelvo totalmente renovado.

“Busco convivir con los lugareños y pasar un buen rato con ellos. Para ello acepto sus invitaciones y sugerencias”

Difícilmente se puede vivir una aventura sin viajar, pero ¿cree que todo viaje es o puede ser una aventura?

Por supuesto, el concepto aventura es del todo subjetivo. Yo creo que cada uno vive las situaciones de un modo diferente, por ejemplo cualquiera de nosotros, más de una vez hemos vuelto a casa después de un día en el que nos han sucedido mil y una anécdotas o situaciones rocambolescas y tenemos la sensación de haber vivido algo muy intenso. En la misma línea, hace poco, en las redes sociales vi una chica que comentaba que dos meses antes de ir de Tarragona a Alicante ya estaba preparando la ruta con esmero. Para ella eso es una gran aventura que ya hace tiempo que ha empezado y eso me parece muy positivo por la ilusión con la que lo vive. Por mi parte no me atrevo a decir si un determinado viaje puede ser calificado como aventura, más bien me fiaría más del criterio de cómo lo ha vivido el que lo ha hecho. Por otro lado existe otra manera de entender la aventura y es sencillamente adentrándose en lo desconocido y convivir con la incertidumbre durante el viaje.

¿A dónde le llevará su próximo viaje?

Desde el Mongol Rally del 2011 no he hecho ningún rally solidario u otras actividades parecidas, aunque la oferta es muy interesante y variada. Para este verano ya tengo una moto modelo Yamaha XT600 del año 1991. Tengo pensado bajar de Barcelona a Sudáfrica. Esta mañana ya me han puesto seis vacunas y aunque hace más de una semana que he empezado con los visados, de momento no he conseguido ninguno. Además, ya me han dicho que Nigeria ha cerrado sus fronteras así que no sé bien lo que me encontraré. De momento todo va bien, la incertidumbre está asegurada.

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