“Viajé en kayak porque los ríos son caminos prodigiosos que te permiten una travesía alternativa”

Román Morales ha recorrido durante dos años los grandes ríos americanos a bordo de su kayak, una travesía “alternativa” con la que se adentró en la memoria histórica de las tierras bajas de Sudamérica y descubrió que en el mundo aún queda “una reserva de humanidad importante”.

<p>Imagen del viajero Román Morales en el caño Casiquiare. Foto: Cedida por Román</p>

Efetur entrevista al viajero Román Morales sobre su hazaña atravesando las cuencas del Plata, el Amazonas y el Orinoco en un kayak. Más de 10.500 kilómetros que le llevaron a disfrutar de una travesía “alternativa” con la que experimentó la soledad y se adentró en la memoria histórica de las tierras bajas de Sudamérica

Durante esta aventura en solitario y alejado de la tecnología, su única compañía fue una brújula, mapas, y los pobladores ribereños que le descubrieron que aún queda en el mundo “una reserva de humanidad importante”. De todo esto habla en su libro Caminos de agua y en esta entrevista sincera.

¿Qué le llevó a recorrer los grandes ríos americanos en kayak durante dos años? 

El antecedente fue otra travesía que realicé a pie por el continente. Entonces me quedó el anhelo de remar por las tierras bajas y lo he llevado a cabo 14 años después.

¿Por qué escogió el kayak como medio de transporte? ¿Qué ventajas ofrece?

Escogí el kayak porque, además de que caminar la cuenca amazónica es imposible, los ríos son caminos prodigiosos que te permiten hacer una travesía alternativa, en este caso remando a través de las aguas fluviales de Sudamérica.

¿Cómo se trazó la ruta?

Viajé en kayak durante dos años. Al mirar el cuerpo continental sudamericano observas que las tierras bajas y tropicales están cruzadas por las cuencas del Plata, del Amazonas y del Orinoco; un milagro en sí mismas porque no hay una maraña de ríos tan prodigiosa en ningún otro continente.

Antes de partir estuve indagando por el trazado de estos ríos sobre el mapa y vi que era factible hacer una navegación completa de todo el continente enhebrando a remo estas tres grandes cuencas hidrográficas. Navegué desde la cabecera de los ríos siguiendo las aguas hasta su desembocadura, de manera que uní las aguas que mueren en Buenos Aires con las del delta del Orinoco que mueren en el caribe venezolano.

Imagen del viajero Román Morales alistando el kayak al alba, medio Orinoco. Foto: Cedida por Román

Imagen del viajero Román Morales alistando el kayak al alba, en el medio Orinoco. Foto: Efetur/Cedida por Román Morales

En el transcurso de la ruta, ¿qué destinos pudo conocer y con cuál se queda?

En realidad son terrenos bastante secretos. A lo largo de los 10.500 kilómetros que recorrí en kayak en algún momento encontré ciudades en el camino como Puerto Ayacucho (Venezuela), Corrientes (Argentina)… pero casi todo el recorrido consistió en adentrarme en la soledad territorial sin ver un alma humana.

Sí es cierto que el recorrido fue para mí todo un descubrimiento de la memoria histórica de las tierras bajas de Sudamérica: el tema del caucho, el quebracho, las comunidades indígenas… Mataba mi interés con la parte histórica y el modo en que aquellos ríos perdidos se fueron poblando poco a poco.

Hubo tramos en los que estaba solo en aquel universo clorofílico de Sudamérica; a veces veía casitas de gente que vivía allí aislada, gente vinculada a los rigores de la naturaleza que allí es soberana y todos ellos le rinden pleitesía. Es gente con una vinculación totalmente orgánica con la naturaleza que le rodea.

Reivindica el derecho a no estar informado y entiendo que no contaba con ningún dispositivo que le conectase con el resto del mundo. ¿Qué se llevó en la maleta

Llevaba brújulas y mi atado de mapas. Pero no, no tenía ningún dispositivo, me gusta que no haya información inmediata a mano sino que todo dependa de la intuición, sin apoyo de carácter técnico. Hay un punto de placer en esta forma de viajar -la de los viajeros antiguos-, los pobladores del camino son la mejor cartografía. Me apoyé mucho en la gente, mi brújula y los mapas.

¿Qué papel jugó la gente local en su aventura? 

Siempre viajo con un presupuesto ajustadísimo, pero en esos ríos no hay un mercado de consumo. Por ello, el elemento humano con el que yo me encontré fue siempre de una generosidad cristalina, porque la gente vinculada a la naturaleza no está tan viciada, hay un vinculo primitivo con el entorno y su actitud para con el foráneo es estupenda. Te recibían, te invitaban a sus chozas, manteníamos conversaciones…

Imagen del viajero Román Morales. Foto: Cedida por Jornadas IATI de los grandes viajesImagen del viajero Román Morales. Foto: Cedida por Jornadas IATI de los grandes viajes

Estos viajes se hacen no solo por el descubrimiento geográfico e histórico sino además para constatar que el hombre también sabe ser un hermano del hombre. Ha sido fundamental el elemento humano, humanos convertidos en ángeles para mí. Un viaje de estas características, bajo el paraguas de soledad, hubiera sido muy difícil sin esta generosidad. No hubiera podido progresar sin ellos. Para mí ha sido un aprendizaje, para darme cuenta de que más allá de este mundo horrible que dispara la televisión hay otras realidades y hay que vivirlas para ver que aún queda una reserva de humanidad importante.

¿Cuál ha sido la parte más dura de la aventura? ¿Sufrió algún contratiempo?

Ha habido momentos efervescentes y otros un poco bravos. Me viene a la cabeza una vez que me perdí por el río Paraguay y tenía alrededor la presencia del jaguar sudamericano. En una ocasión tenía previsto llegar a un sitio a dormir pero me puse tan paranoico con la presencia del animal que me pasé la noche navegando en una oscuridad casi ciega hasta que perdí el rumbo. Acabé en una especie de ciénaga rodeado de caimanes, mosquitos, sin poder pegar ojo: solo veía un mundo de bichos y plantas acuáticas. Pasé momentos de mucha tensión.

A su vuelta a España, ¿fue duro adaptarse a la vida en tierra firme?

Los viajeros muy expuestos, al regreso tienen dificultades, pero yo siempre he vuelto con muchas ganas de ver a mi gente, a mi Tenerife querido. No padecí la vuelta porque el viajero nunca explora mas allá de su corazón, el corazón siempre lo llevamos puesto. Tú viajas contigo mismo y, aunque hay viajeros que tienen el síndrome de la inadaptación en el regreso, yo veo los viajes como una parte formativa muy gratificante pero no sufro de la atonía al regresar a la base.

Imagen del viajero Román Morales acampado en el medio Orinoco. Foto: Cedida por Román

Imagen del viajero Román Morales acampado en el medio Orinoco. Foto: Efetur/Cedida por Román Morales

En cuanto a la monotonía, yo no estoy esclavizado ni tengo anclajes, y allí donde esté trato de no complicarme la existencia demasiado y de mantener mi entorno personal un poco oxigenado. Me da mucho gusto vivir en Canarias, rodeado de mis amigos, en un macizo en el oeste de Tenerife: un micro-paraíso en el que me siento muy complacido.

¿Tiene pensado emprender otra aventura de este tipo?

En la ruleta de los sueños siempre hay casillas vacantes. Me gustaría volver a Sudamérica -tengo con ella una especie de alianza emocional- pero antes necesito comprar tiempo para poder experimentar alguna región bonita. Me gustaría hacer un viaje ecuestre y vivir la rugosa piel de Sudamérica a lomos de un jumento. La idea está ahí.

El pasado 10 de marzo participó en las Jornadas IATI de los grandes viajes, ¿qué supuso?

Fue una oportunidad de hacer pedagogía con aquellas personas que quieren vivir aventuras. Hay gente que tiene ese impulso pero se pone trabas; todo pasa por el corazón, cuando el corazón quiere hacer algo las barreras caen. Las jornadas integraron a gente muy interesante y la gente salió encantada y con la certeza de que se puede viajar de una manera alternativa.

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