¿Eres fan de la cerveza? ¿Has probado la lambic belga?

Uno de los mejores países del mundo para los amantes de la cerveza es Bélgica y, más en concreto, Flandes. Nada nuevo, ¿verdad? Lo que quizás no sepas es que esta es la meca de una de las variedades más particulares de esta bebida: la lambic. ¿Que no sabes cómo es ni a lo que sabe? Yo te lo cuento y, además, te propongo una ruta por alguna de las fábricas que la producen.

Si has investigado en la forma de elaboración de la cerveza, ya sabrás que todas ellas necesitan de la adicción de algún tipo de levadura para que se produzca su fermentación alcohólica. ¿Todas? No: la principal particularidad de las cervezas lambic es, precisamente, que su proceso fermentativo se produce de forma espontánea cuando la cocción del trigo sin maltear, base de esta bebida, se deja durante horas al aire y la acción de las esporas, pólenes y microorganismos presentes en la atmósfera del valle del río Senne. Así, el proceso químico que da origen a la cerveza tiene lugar de una forma absolutamente espontánea y natural.

Variedades de cerveza Lindemans, Flandes. Foto: Alfredo G.Reyes

Variedades de cerveza Lindemans, Flandes. Foto: Alfredo G.Reyes

Si te parece complicado entender esto, no te preocupes: en las visitas a fábricas como 3 Fonteinen, Lindemans, De Oude Cam o Tilquin desde luego explicaciones sobre ese proceso no faltan. Tampoco degustaciones, claro.

Antes de ello, una advertencia: es raro que las lambic convenzan a las primeras de cambio. De hecho, suele provocar un cierto rechazo su sabor cítrico. Sensación primaria que, en cuanto se acostumbran lengua y paladar, supone todo un descubrimiento de matices aromáticos diversos y agradables: madera, ahumados, frutales… Como los vinos de crianza, las cervezas lambic envejecen en barricas de madera durante meses, incluso años. Y, muy sorprendente, en algunas fábricas, como la mencionada 3 Fonteinen, lo hacen en “botas” donde antes lo hizo el vino de Jerez, lo que les acaba confiriendo un bouquet y sabores únicos. Desde luego, una bebida mimada al extremo.

Botas de jerez en 3 Fontaine. Foto: Alfredo G.Reyes

Botas de jerez en 3 Fontaine. Foto: Alfredo G.Reyes

Cada dos años (impares) muchas de estas cerveceras se ponen de acuerdo para ofrecer un circuito, Toer de Geuze, que en una excursión de un día las recorre para ofrecer a los visitantes un fantástico y completo panorama sobre esta variedad.

Muy cerca de la zona se sitúa la pequeña ciudad de Lovaina. Una de esas urbes medievales que sufrió los estragos de la II Guerra Mundial, conflicto que acabó con buena parte de su patrimonio. Los loables trabajos de reconstrucción en décadas posteriores recuperaron muchos de los edificios históricos del centro (peatonal en buena parte).

Callejón de Lovaina. Foto: Alfredo G.Reyes

Callejón de Lovaina. Foto: Alfredo G.Reyes

Ante todo, llama la atención la fachada principal de su Ayuntamiento, plagada de esculturas que representan a personajes bíblicos y a personas notables de la ciudad. Se encuentra en la Grote Markt, o plaza principal de la localidad, con permiso de su vecina Oude Markt (Mercado Viejo) que, curiosamente, es el punto de encuentro de la mayoría de estudiantes, atraídos por una sorprendente oferta de ocio nocturno en la que, como es obvio, no faltan varias cervecerías.

Lovaina luce también con orgullo su gran beguinaje (o beguinato), prácticamente una ciudad dentro de la propia urbe, pues engloba una docena de calles con más de 300 viviendas distribuidas en unas 100 casas donde, allá por la época medieval, convivieron cientos de mujeres solteras en un régimen religioso (pero sin la obligación de los votos). Los hay en otras ciudades del centro de Europa, pero éste, quizás, sea de los más extensos entre los que han sobrevivido al paso del tiempo. También llaman mucho la atención el complejo de la Universidad y la Biblioteca, reconstruida con fondos estadounidenses.

Universidad de Lovaina. Foto: Alfredo G.Reyes

Universidad de Lovaina. Foto: Alfredo G.Reyes

No muy lejos de Lovaina se encuentra Neerijse y en ella la fábrica de cervezas De Kroon, que mantiene la esencia de sus orígenes en sus diferentes variedades y también en la fisonomía de la propia fábrica, donde explican de una forma muy descriptiva cómo es el proceso de elaboración. Un sistema que, curiosamente, ha sufrido cambios mínimos desde sus orígenes. El encantador patio de esta fábrica, mientras se degusta una de sus variedades acompañada de delicias gastronómicas locales, es un perfecto colofón a esta ruta tan cervecera.

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Alfredo García Reyes

Como periodista tengo la suerte de compatibilizar mis tres grandes pasiones: escribir, viajar y comer. He publicado en medios como YoDona (suplemento del diario El Mundo), El País Viajero, Condé Nast Traveler, Viajar, Viajeros, Instyle, Guía Repsol... En este blog voy a compartir algunas de mis mejores experiencias viajeras.

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