CHINA

En el corazón de las terrazas de arrozales de China

La espalda del dragón es uno de los lugares más fascinantes que ofrece la inmensa China para el turista: un lugar hasta hace muy poco cerrado al exterior, paisajes espléndidos, minorías étnicas de ricas y vistosas tradiciones y deliciosa gastronomía.

  • <p>Las terrazas de arroz vistas desde la cumbre, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS</p>

    Las terrazas de arroz vistas desde la cumbre, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS

  • <p>Mujeres zhuang llevan equipaje de turistas en las cestas que llevan a la espalda, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS</p>

    Mujeres zhuang llevan equipaje de turistas en las cestas que llevan a la espalda, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS

  • <p>Primer plano de las terrazas de arroz, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS</p>

    Primer plano de las terrazas de arroz, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS

  • <p>Una mujer de la etnia zhuang trabaja la tierra en una terraza de arroz, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS</p>

    Una mujer de la etnia zhuang trabaja la tierra en una terraza de arroz, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS

  • <p>Una vendedora en las montañas de Longji, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS.</p>

    Una vendedora en las montañas de Longji, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS.

<p>Las terrazas de arroz vistas desde la cumbre, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS</p>
Mujeres zhuang llevan equipaje de turistas en las cestas que llevan a la espalda, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑASUna mujer de la etnia zhuang trabaja la tierra en una terraza de arroz, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑASUna vendedora en las montañas de Longji, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS.

Además, si no se visita en las épocas de más vacaciones de China, no hay demasiados turistas, algo cada vez más importante en un país de casi 1.400 millones personas y donde el turismo interno está promovido por las autoridades como un nuevo motor de la economía, lo que genera cada vez mayores multitudes en los sitios más populares.

Nuestro viaje nos lleva esta vez a unas pequeñas montañas cuyo trazado sinuoso y con terrazas de arroz dibujan un perfil que recuerda a la espalda de un dragón con las espinas sobresaliendo de su lomo.

Estamos en la sureña región autónoma de Guanxi, una zona muy rica en agua y vegetación, cuyas montañas han propiciado un aislamiento que hacen mantener -todavía, aunque puede que no por mucho tiempo- la autenticidad a sus habitantes.

En el sur de China hay otras zonas -sobre todo en la vecina Yunnan- con hermosas terrazas excavadas en las montañas para cultivar arroz y aprovechar al máximo el potencial del terreno para producir alimentos, pero la montaña de Longji (que significa precisamente la espalda del dragón) es posiblemente la más conocida.

Estamos a unos 100 kilómetros de la ciudad de Guilin. A la aldea más alta se llega por una estrecha carretera que apenas tiene veinte años, y que conecta con una vía general. Hasta entonces, la población -sobre todo de las etnias zhuang y yao- estaba bastante aislada y vivía de forma muy rústica de una agricultura y ganadería de subsistencia.

Las etnias se refugiaron en estas montañas y valles en el siglo XIII debido a la presión de los han (la etnia mayoritaria en China) que a su vez sufría la invasión de los mongoles. La construcción de las terrazas, que llevó varios siglos de paciente trabajo, fue necesaria para lograr suficiente superficie de cultivo para sobrevivir.

Las mujeres yao no se cortan el pelo después de casarse, por lo que su cabello es tan largo que se hacen un complejo moño que se cierra en la frente. En algunas aldeas de la zona aún se puede ver una ceremonia en la que un grupo numeroso de mujeres se suelta el pelo para cepillárselo, al unísono, mientras cantan canciones tradicionales.

Una larga caminata

El viajero llega hasta un aparcamiento en las afueras de la aldea más elevada. A partir de ahí los visitantes deben pagar entrada para continuar y deben caminar: un sendero de cemento y piedras que asciende (por cuestas y largas escalinatas) durante unos quince minutos hasta la zona poblada, con varios hoteles y las viviendas de los habitantes locales.

Vista de las terrazas de arroz, China.Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS.

Vista de las terrazas de arroz, China.Foto: EFE/Rafael Cañas.

Los turistas menos dotados físicamente, o los que quieran disfrutar de la experiencia, pueden optar por subir en una silla de mano llevada por hombres locales, mientras que mujeres zhuang, con la cabeza siempre con un tocado textil de color, se ofrecen a llevar el equipaje en las tradicionales cestas que cargan a la espalda.

El pueblo es muy pequeño y hay varios hoteles pequeños de reciente construcción, aunque con mucha madera en las fachadas para no romper la armonía visual.

A pesar de los nuevos hoteles y cafés, siguen predominando las viviendas campesinas de madera, que en esta zona son muy grandes, con tres niveles (animales en el primero, zona habitable en el segundo y granero y secadero de alimentos en el tercero, lejos de la fuerte humedad del suelo).

El espectáculo de las terrazas

Patos, pollos y gallinas pasean tranquilamente por caminos, callejuelas, mientras que pequeños corrales de mulas y cerdos aparecen de forma intermitente.

Pero a lo que se viene aquí es a subir por las escalinatas y estrechas callejuelas en cuesta hasta la cima de las montañas que rodean el pueblo.

Desde las distintas cimas se mira hacia abajo para admirar el espectáculo de las terrazas, cavadas pacientemente a mano durante siglos, desde la base hasta la misma cima.

Las lluvias abundantes y un ingenioso sistema de traída de aguas permiten inundar las terrazas. Entonces, las montañas, vistas desde arriba, se transforman en espejos.

Las terrazas se llenan de agua ya desde comienzos de abril y a finales de mayo se planta el arroz.

Y si la visita tiene lugar cuando el arroz ha crecido, las terrazas aparecen cubiertas de color verde intenso, y parecen innumerables cintas concéntricas.

Mientras desde las cimas las terrazas bajan como escalinatas gigantescas, al fondo, montañas más altas y valles confieren una enorme belleza al paisaje.

En las laderas, además, se distribuyen bastantes tumbas, ya que en las zonas rurales chinas no hay cementerios propiamente dichos. Es normal pasar por cualquiera de los caminos y ver las sepulturas excavadas en la montaña con un pórtico en piedra, que enmarca una losa del mismo material.

Y si la visita es a comienzos de abril durante el día de difuntos chino (Qing Ming Jie, llamado el “día de barrer las tumbas”, ya que los familiares limpian las sepulturas de sus antepasados), el interés es aún mayor.

Ofrendas de flores y licores se depositan en las tumbas, y el homenaje se acompaña del lanzamiento de petardos, siguiendo la tradición china de que el ruido espanta a los malos espíritus.

Tumba adornada con ofrendas de comida, bebida y dinero en las montañas de Longji, China. Foto: EFE/RAFAEL CAÑAS

Tumba adornada con ofrendas de comida, bebida y dinero en las montañas de Longji, China. Foto: EFE/Rafael Cañas.

Pero los petardos han acabado en los últimos años por convertirse en pequeños castillos de fuegos artificiales, muestra de cómo la enorme preocupación china de aparentar también ha llegado a este ámbito y a estas tierras.

Su sabrosa gastronomía

La gastronomía es otro atractivo de la zona. Igual que en casi todas partes, lo mejor que puede hacer el visitante es centrarse en los productos locales. En esta comarca, el plato más conocido es el arroz al bambú: se toma un tallo mediano de bambú de unos 40 centímetros de largo, se abre por un extremo y se rellena de arroz glutinoso, verduras y carne (pollo o cerdo).

Tras dejar el bambú sobre una barbacoa de carbón durante una media hora, se abre por la mitad y se come sobre la misma parte inferior del tallo: el resultado es aromático, jugoso y muy sabroso.

Al recorrer el pueblo es frecuente ver gallinas, pollos y patos circulando con libertad, así como pequeños corrales con cerdos. Son animales que acaban inevitablemente en los fogones locales con un sabor totalmente natural.

Las mismas barbacoas en que se cocina el arroz al bambú se utilizan para ahumar embutidos, costillares u otros cortes de carne.

Las huertas y la abundancia de bambú ofrecen también enormes posibilidades vegetales al menú, junto con la gran cantidad de setas de los bosques y las guindillas (chiles) locales, que se secan o se usan para elaborar salsas que se venden allí mismo envasadas en tarros de cristal. También hay miel natural de abundantes panales.

Otra delicia local es el llamado aceite de té, una bebida elaborada en esta zona como medicina y para ayudar a soportar los inviernos, que no son muy fríos pero sí muy húmedos.

Para elaborarlo, se fríen hojas de té con ajo, jengibre, sal, cebolla y otros ingredientes, como cacahuete. La receta varía un poco con la tradición de cada familia. La mezcla se machaca para liberar sabores y aromas y luego se añade agua y se deja hervir y se filtra. La bebida resultante, de sabor muy intenso que no gusta a todo el mundo, se conserva en recipientes y se consume caliente.

Y el bambú adulto se usa extensamente en China, igual que en todo el sureste asiático, en andamios de construcción o en la fabricación de muebles y objetos artesanales, lo que añade otra motivación económica al uso responsable de la tierra.

También son típicas las artesanías textiles: grandes paños para decorar paredes o elaborados bordados para los vestidos de gala de las mujeres, en ambos casos con motivos coloridos y geométricos.

Los turistas extranjeros suelen llegar en grupos organizados desde Guilin (uno de los puntos más atractivos de China por el famoso crucero por el río Li), pero es sencillo ir en solitario o grupos pequeños contratando un guía a través de una agencia de viajes.

En definitiva, un lugar enormemente atractivo para quienes busquen una alternativa rural y étnica al turismo en las grandes urbes de Pekín y Shanghái.

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Publicado en: El mundo

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