Turismo bélico

Huellas de la Guerra Civil: Belchite Viejo y Belchite Nuevo

Catorce días de cruenta batalla en el verano del 37 dejaron en Belchite 5.000 muertos. Y un pueblo arrasado que nunca se reconstruyó y cuyas ruinas, así como las de las trincheras o los campos de refugiados- constituyen la recién creada ruta Huellas de la Guerra Civil.

  • <p>Presentación Ruta con recreaciones. Foto: Cedida por la organización. </p>

    Presentación Ruta con recreaciones. Foto: Cedida por la organización.

  • <p>Turistas en Sierra Gordo. Foto: Efetur / cedida por la organización. </p>

    Turistas en Sierra Gordo. Foto: Efetur / cedida por la organización.

  • <p>Turistas en la ruta. Foto: Efetur / cedida por la organización. </p>

    Turistas en la ruta. Foto: Efetur / cedida por la organización.

  • <p>Refugio. Foto: Efetur / cedida por la organización. </p>

    Refugio. Foto: Efetur / cedida por la organización.

  • <p>Turistas en la presentación de la ruta con recreación. Foto: Efetur / cedida por la organización. </p>

    Turistas en la presentación de la ruta con recreación. Foto: Efetur / cedida por la organización.

<p>Presentación Ruta con recreaciones. Foto: Cedida por la organización. </p>
Refugio. Foto: Efetur / cedida por la organización.Turistas en la presentación de la ruta con recreación. Foto: Efetur / cedida por la organización.

La ruta, inaugurada hace tan solo unos días, es un recorrido por diez puntos, los que según los organizadores -la comarca de Belchite y las localidades de Belchite y Fuendetodos- resultan más representativos de las trincheras, refugios, fortificaciones… que permanecen como testigos -no tan mudos- de 14 días de batalla en los que murieron 5.000 personas y un pueblo.

Arrasado completamente, el Pueblo Viejo de Belchite, junto con sus alrededores, es uno de los mejores testimonios de lo que fue la Guerra Civil, un auténtico museo que ahora, 80 años después, se ha convertido en una ruta histórico turística.

Huellas de la Guerra Civil

La nueva ruta facilita la visita, el acceso y la comprensión de la historia a los visitantes porque se han señalizado los lugares que resultan interesantes para el viajero que demanda tanto turismo activo como patrimonio histórico, y se han instalado balizas de seguimiento en los accesos desde las carreteras principales.

Tanto en Belchite como en Fuendetodos se han instalado paneles generales de información en los que se puede visualizar, además, el conjunto de los diez puntos señalizados que comprenden la ruta.

Hay huellas de asentamientos humanos en este lugar ya en la Edad del Bronce y datos históricos que muestran la prosperidad, riqueza e importancia de Belchite en los tiempos del imperio romano y, posteriormente, de la dominación árabe. Y, tras una época de crisis de población, Belchite recuperó protagonismo y los restos de sus palacios, iglesias y conventos son buena muestra de ello. Pero lamentablemente, con el siglo XIX llega la época en la que la historia de esta localidad aragonesa se funde con los procesos bélicos.

 

Durante la Guerra de la Independencia, el propio Palafox se instaló en Belchite y, posteriormente, se produjo la batalla de Belchite en el ámbito de la guerra carlista. Pero nada se puede comparar con lo que sucedió allí en el verano de 1937.

La batalla de Belchite

El Estado Mayor republicano preparó una serie de ofensivas para aliviar la presión que soportaba esta zona aragonesa y evitar así la caída de Bilbao. El ataque a Belchite comenzó el 24 de agosto y, lo que se preparó como una operación rápida se convirtió en un cerco a la ciudad que se prolongó durante días de durísimos combates. El cerco se fue estrechando poco a poco en un asedio que, una vez alcanzado el casco urbano, se fue realizando casa por casa…

Catorce días de combates que se llevaron 5.000 vidas y que finalizaron el día 6 de septiembre cuando cayó el último reducto de la resistencia en torno al ayuntamiento, las viviendas adyacentes y la torre de la iglesia de San Martín.

Pero la batalla de Belchite tuvo una segunda parte. Fue en 1938 y, tras lo sucedido en la primera batalla, la propaganda ideológica de los sublevados adoptó Belchite como un símbolo. Su toma alcanzó un significado especial y, efectivamente, los republicanos fueron arrollados en tres días.

Y con la toma de Belchite por parte de las tropas de Franco no sólo acababa una batalla, ni siquiera fue simplemente el final de la guerra para la localidad aragonesa. En ese 11 de marzo de 1938 acabó su historia. Belchite murió. Nunca se reconstruyó. Dicen en la Diputación provincial que Zaragoza que Franco decidió no hacerlo para mantener así un símbolo de su victoria.

Después de 80 años…

Y el Pueblo Viejo de Belchite, o sus ruinas, para ser más precisos, permanecen allí 80 años después como muestras indiscutibles de esa parte de la historia de España que colocó a Belchite en los libros de Historia. Y, ahora, para facilitar el recorrido y completar la información que las propias ruinas transmiten, el recorrido se puede hacer siguiendo la ruta Huellas de la Guerra Civil, que discurre por enclaves tan estratégicos como el Mojón del Lobo, un paraje elevado donde se conservan las galerías subterráneas desde las cuales la artillería republicana bombardeó Belchite en agosto de 1937.

Otro punto de la nueva ruta son las ruinas de la Ermita del Calvario, que fue primero un emplazamiento defensivo de los sublevados y se convirtió después en posición de ataque de los republicanos, en la que permanecen intactas las troneras abiertas para la vigilancia.Las marcas de la artillería conviven con los restos del siglo XVIII del Seminario Menor, que fue defendido por los requetés aragoneses.

En la Guerra Civil española jugaron un importante papel las tropas internacionales y Belchite es buena muestra de ello. Allí, en el Santuario de Nuestra Señora del Pueyo, los voluntarios de la Brigada Lincoln soportaron el bombardeo de los Junkers alemanes y el fuego de la artillería. Corría la primavera de 1938 y las trincheras de entonces permanecen hoy rodeando los edificios del santuario.

La ruta Huellas de la Guerra Civil pasa también por un punto muy especial, conocido como Rusia, que es la denominación con la que se conoce popularmente al campo de refugiados en el que se alojó a las familias de orientación izquierdista que perdieron sus hogares en la Batalla de Belchite. Es un poblado que se levantó al terminar la guerra y que está formado por 15 barracones.

Latas de sardinas y de leche condensada

Pero el viaje en el tiempo hasta el verano del 37 tiene quizá su punto más impactante en la Paridera del Saso. Es un antiguo corral de ganado rodeado de defensas antiataque, refugios antigás y un nido de ametralladoras que fueron construidos por los franquistas y tomados después por los republicanos. Y es el lugar donde más densidad de restos de objetos cotidianos utilizados en aquellos momentos se concentra. Allí se han hallado huesos, botones, latas, monedas… y otros vestigios que permiten intuir cómo era la vida allí dentro.

La paridera estaba rodeada de una trinchera que comunicaba con galerías de tiro y refugios antibombardeo. Estaba muy cerca de la población y entre los restos se han encontrado muy pocas latas de comida (dos de sardinas y seis de leche condensada, según los organizadores de la ruta) lo que indica que no cocinaban los soldados en la paridera, sino que las comidas se preparaban en el pueblo.

La nueva ruta no sólo pasa por Belchite; varias de sus localizaciones se encuentran en los alrededores de Fuendetodos, que durante buena parte de la contienda fue el saliente republicano más expuesto al frente. Para defender el pueblo se establecieron trincheras y fortificaciones en la Sierra Gorda y otros montes cercanos a esta localidad que, sin embargo, se conoce mundialmente por un acontecimiento bien diferente, que es haber sido testigo del nacimiento de Francisco de Goya y Lucientes.

Testigos de la vida de un pueblo

Pero en este núcleo de ruinas el viajero no solo encuentra muestras de la batalla. Entre los restos del Pueblo Viejo de Belchite puede reconstruir lo que fue la vida de una localidad española cuyas calles se extendían entre iglesias, conventos y edificios de uso civil, como en el resto de los pueblos del país.

Entre esas ruinas están las de la iglesia de San Martín de Tours, que fue la parroquia principal del pueblo. De estilo gótico-mudéjar, es probable que la edificación primera date del siglo XIV. En el centro del pueblo se alza la Iglesia de San Juan, conocida como la torre del reloj. Lo más probable es que sea de origen mudéjar y a finales del XVIII o comienzos del XIX debió desacralizarse porque, según la Diputación de Zaragoza, “hay constancia de su uso como café y teatro”.

También encontramos las ruinas del convento de San Rafael, que se inauguró en 1781 y fue centro de enseñanza para niños pobres, y los restos de la iglesia y convento de San Agustín, de los Agustinos Ermitaños. Esta orden debió llegar a Belchite en el siglo XIII y fueron los custodios de la ermita de la Virgen del Pueyo. Allí tuvieron su primer monasterio, que luego trasladaron a la villa donde permanecieron hasta la desamortización de Mendizábal. La iglesia continuó abierta y era la segunda parroquia del pueblo. Después, tras la guerra, y a pesar de lo dañada que quedó, se convirtió en la única parroquia de Belchite con culto hasta 1964, cuando toda la población se trasladó al Pueblo Nuevo de Belchite.

Este viaje a tan curioso destino, ideal para viajeros ávidos de vivir la historia, de pisar el mismo suelo que los protagonistas de los acontecimientos e ideal también para los viajeros amantes del aire libre y del turismo activo, ofrece más posibilidades. Si bien el viejo Belchite y la nueva ruta Huellas de la Guerra Civil son suficiente aliciente para hacer la visita, las ruinas del pueblo, los resquicios de la guerra, no son el único atractivo de la zona.

Y Belchite, símbolo de la victoria

Hablamos del Pueblo Viejo de Belchite, de esa localidad que quedó destrozada tras la Guerra Civil… pero si hay un Pueblo Viejo, tiene que haber un Pueblo Nuevo… y lo hay. Y si curioso es transitar entre lo que fue el escenario de una de las más famosas batallas de la guerra española, tanto o más lo es el Belchite que nació después.

Lo inauguró Franco en 1954, aunque hasta 1960 aún hubo belchitanos que vivían en el Pueblo Viejo. Un pueblo que el propio Franco decidió no reconstruir para que fuera símbolo de su victoria. La construcción del pueblo Nuevo comenzó en 1940. Allí trabajaron, según los datos de la Diputación provincial, “una media de mil presos políticos” que llevaron hasta allí y que instalaron en un “campo de concentración” cuyas “naves, recinto vallado y torre de vigilancia” todavía se mantienen.

Como muchos familiares de los presos se desplazaron a vivir a Belchite y sólo algunos encontraron acogida en el pueblo, la mayoría “fueron a vivir a unas naves agrícolas abandonadas cercanas al seminario, espacio al que llamaron Rusia”, explica la Diputación en su página web.

En ese Pueblo Nuevo “todo son restos del franquismo”: el nombre de sus calles, el arco de la entrada, el escudo del edificio del ayuntamiento… una especie de parque temático al que llegamos en lo que también podemos denominar un viaje en el tiempo…

Turistas en Sierra Gordo. Foto: Efetur / cedida por la organización.Turistas en Sierra Gordo. Foto: Efetur / cedida por la organización.

Y, tras el atracón de historia reciente, la naturaleza. Porque Belchite tiene, en sus alrededores, lugares de gran valor. Como las Hoces, un paraje singular de cañones y barrancos. La Hoz Mayor, en Fuendetodos, que está considerada como la más espectacular, se puede recorrer siguiendo una ruta que, además, está adaptada para todo tipo de excursionistas que pueden elegir la ruta corta o la larga.

Unos parajes, en definitiva, que permiten al viajero conectar con la naturaleza y desconectar de lo demás escuchando sus sonidos, percibiendo sus aromas y admirando su paisaje.

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Publicado en: España

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